Usos de la encina

Entre las especies de árboles más características y comunes de la Península Ibérica se encuentra la encina (Quercus ilex), también llamada carrasca. Al estar tan presente y gracias a sus características, se convirtió desde tiempo inmemorial en una fuente de recursos importante para el ser humano. Tradicionalmente ha tenido muchos usos, algunos de los cuales se mantienen en la actualidad.

Ejemplar de encina en El Carrascal de Arganda del Rey

Sus frutos, las bellotas, han alimentado a muchas generaciones en nuestro país. Se cree que ya se utilizaban en el neolítico. Pueden utilizarse directamente en la cocina o transformarse en harina para hacer pan. Incluso se han usado para fabricar bebidas con y sin alcohol. También ha servido (y sirve) para alimentar al ganado.

Bellotas en la encina de nuestro huerto

Debido a sus propiedades medicinales, se ha usado contra el dolor estomacal, la faringitis, para el sistema genito-urinario, para cortar diarreas y para los dolores de las articulaciones ya sea por medio de cocciones de su corteza, tallos u hojas, o usando el zumo de las bellotas.

Corteza de encina comercializada para infusión

Su madera está muy cotizada por su alta resistencia a la putrefacción. Gracias a su resistencia se ha empleado para fabricar barcos, carros, arados, mangos, cucharones o badajos. Por supuesto, también es un buen combustible para calentar los hogares, cocinar y para transformar en carbón. De hecho, estos últimos junto al uso de la bellota como alimento para el ganado, son sus usos más extendidos en la actualidad.

Además de sombra, oxígeno, etc., las encinas han sido, al igual que otras especies longevas, lugares de encuentro y celebración de muchas culturas y civilizaciones. Grandes pies de encinas se levantan en el interior o cerca de los pueblos a los que han cobijado durante años. Un ejemplo de ellos es la centenaria encina de Lecina, árbol que ganó el premio de Árbol Europeo del Año en 2021.

Aunque muchos de los usos se están perdiendo, esperamos poder seguir disfrutando de la presencia de estos árboles durante mucho tiempo. Uno de los enclaves del Parque Regional del Sureste donde se puede disfrutar de estos árboles es en el Carrascal de Arganda. Si tienes oportunidad… ¡no dejes de visitarlo!

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