Parque Rural de Anaga, Tenerife

Existen en España zonas protegidas donde coexisten la importancia ecológica y la belleza paisajística, con los usos y actividades tradicionales que se desarrollan en ellas (agricultura, ganadería y pesca): los Parques Rurales. Entre ellos está el Parque Rural de Anaga, situado en el noreste de la Isla de Tenerife, Canarias.

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Mapa del Parque Rural de Anaga. Fuente: folleto oficial del parque.

Con una superficie de 14.418,7 ha, se extiende desde la zona costera hasta una altitud de 1.020 m y se caracteriza por un paisaje montañoso con profundos barrancos. Además de la categoría de protección de Parque Rural, también ha sido declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y cuenta a su vez, en su superficie, con tres reservas naturales integrales (El Pijaral, Ijuana y Los Roques de Anaga) y una Reserva de la Biosfera.

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Vistas del municipio de San Cristóbal de la Laguna y el Teide desde el mirador de Jardina en el Parque Rural de Anaga.

Los materiales del Macizo de Anaga datan de unos 6 millones de años y tienen un origen volcánico, como la mayoría de la isla. A parte de los acantilados y los barrancos, destacan otras formaciones geológicas como los roques, antiguas chimeneas volcánicas; o los diques o “muros”, que son fisuras rellenas de magma solidificado.

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Este espacio protegido se caracteriza por contar con el mayor número de especies endémicas por km2 de toda Europa. Gracias a la antigüedad geológica, las diferencias en la altitud, el clima y el tipo de suelo, el parque de Anaga presenta una alta biodiversidad, estando representados la mayoría de los ecosistemas que hay en Tenerife.

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Vistas de la zona costera del Parque Rural de Anaga.

La vegetación es muy variada dependiendo de la zona del parque en la que te encuentres, esto se debe al transporte de semillas por viento, corrientes marinas, pájaros y a las diferentes condiciones climáticas hacen que estas semillas se asienten y crezcan en las zonas que les son más favorables. Por ejemplo en las zonas altas del parque podrás encontrar grandes bosques de laurisilva, relictos de hace 40 millones de años. También destacan las vegetaciones típicamente costeras, las zonas de cardonal – tabaibal (típica de las zonas bajas con abundancia de plantas suculentas), los dragos (Dracaena draco) y las palmeras Canarias (Phoenix canariensis).

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Opuntia ficus-indica (chumbera) entre el bosque de laurisilva.

En cuanto a la fauna, destacan los invertebrados asociados a la laurisilva como el escarabajo fausto (Carubus faustus) o la cleopatra canaria o «limonera» (Gonepteryx cleobule cleobule) y aves como la paloma turqué (Columba boli) o la paloma rabiche (Columba junionae), especies consideradas fósiles vivientes de la Era Terciaria, y en las zonas costeras la pardela cenicienta (Calonectris diomedea) y la gaviota patiamarilla (Larus michahellis).

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Si alguna vez visitas este paraje natural no olvides pasar antes por el Centro de Visitantes de la Cruz del Carmen, donde podrás encontrar información sobre las rutas para visitar Anaga y conocer mejor los recursos del parque, la flora, la fauna y las poblaciones rurales que habitan en él y que se dedican principalmente a cultivo de productos típicos como la batata, las papas, los ñames y las viñas de donde se obtienen los vinos típicos de la zona.

Fuentes:

Adaptaciones al frío en animales vertebrados II

Como ya contamos en una antigua entrada del blog, los animales están diseñados y presentan adaptaciones para combatir el frío. Sin embargo, hay casos en los que sus cuerpos no están adaptados para aclimatarse al frío, pero sí lo están para huir de él.

Uno de los mecanismos de huida es la migración. Gracias a estos desplazamientos de miles de kilómetros los animales viajan a lugares con condiciones climáticas más benévolas donde tendrán más posibilidades de sobrevivir (a pesar del gran esfuerzo físico que estos conllevan).

Grupo de grullas en migración sobrevolando los cielos de la laguna de El Campillo.

Otra manera de huir del frío pero sin salir de la zona vital del individuo es esconderse de él. La forma más conocida es la hibernación, un proceso voluntario mediante el cual un animal homeotermo reduce temperatura corporal, ritmo metabólico, tasa respiratoria y metabolismo hasta mínimos vitales.

Otros mecanismos similares a la hibernación son el letargo invernal (también en animales homeotermos) y la brumación (en animales poiquilotermos) de los que ya hablaremos en el futuro.

Los anfibios y reptiles bruman durante la época de bajas temperaturas.

La llegada de las bajas temperaturas en algún caso trae consigo otro tipo de cambio en los animales. Uno de los más conocidos es el engorde. Se trata de comer todo lo posible aprovechando alimentos de temporada y con gran contenido en grasas (por ejemplo frutos secos en los bosques como hacen los osos, o bancos de peces en los océanos como hacen algunos cetáceos) y así crear una buena capa de grasa alrededor del cuerpo con una doble función. Por un lado, esa capa de grasa sirve de protección frente al frío y, por el otro, sirve de reserva energética para los meses más desfavorables.

Junto al incremento de esta capa de grasa, se puede producir también un cambio en el pelaje o plumaje de los animales haciéndose estos mucho más densos y abundantes que en épocas cálidas. Este cambio de pelaje provoca la pérdida y caída del pelo o plumas de verano y, en algún caso, va asociado también a un cambio de color pasando de tonos marrones a tonos blancos para camuflarse mejor en un entorno nevado. Esto le ocurre a especies como el zorro ártico, el armiño o el lagópodo alpino entre otros.

Cambios en el plumaje del lagópodo alpino a través de las estaciones. Fuente: SEO.

Pero sin lugar a dudas, uno de los casos más extremos que podemos encontrar para la lucha contra el frío sería, podríamos decir, dejarse vencer por él.

Es el caso de la rana de la madera de Alaska que se congela al llegar el otoño y pasa el invierno congelada deteniendo su respiración y su circulación sanguínea, para evitar la muerte de sus células debido a la congelación. Las ranas sintetizan grandes cantidades de glucosa (un tipo de azúcar) reduciendo el daño celular.

Fuentes:

Martín pescador común (Alcedo atthis)

Nuestro protagonista de hoy se caracteriza porque, a pesar de su pequeño tamaño, es uno de los más vistosos y llamativos de entre toda la avifauna que podemos contemplar en el Parque Regional del Sureste.

El martín pescador (Alcedo atthis) mide tan solo 17 centímetros, en proporción con su cuerpo compacto tiene la cabeza grande, el pico es negro y largo y las alas anchas, mientras que las patas y la cola son cortas. Su plumaje es rojo anaranjado por debajo (región ventral) y de un azul brillante y metalizado por la parte dorsal, a veces torna a tonos verdosos. También tiene una mancha blanca en la garganta y en los laterales del cuello.

La diferencia entre machos y hembras es muy sutil, tenemos que fijarnos en la tonalidad de la parte inferior del pico, que es negra en el macho y anaranjada en la hembra. Igual pasa con los jóvenes, solo se diferencian de un adulto porque su coloración es más turquesa y porque, mientras que los adultos tienen las patas de un rojizo intenso, las de estos son más oscuras.

Martín pescador observado a través del telescopio.

Su distribución es muy amplia por toda Europa, norte de África y Asia central y meridional. A nivel peninsular está bastante repartido y en la Comunidad de Madrid se encuentra de forma irregular, con preferencia por altitudes medias. Normalmente ocupa tramos de ríos y lagunas con aguas claras y no demasiado rápidas, en orillas provistas de taludes y una vegetación palustre más o menos densa. Aunque podemos encontrarlos durante todo el año, se muestran más activos en primavera. Son bastante esquivos pero fáciles de reconocer como un destello azul turquesa que se precipita en el río o la laguna, mientras emite un agudo y penetrante «chii».

Martín pescador visto desde el mirador de la exposición del CEA El Campillo.

Su nombre nos da una pista sobre el componente fundamental de su dieta, los peces, aunque también se alimenta de renacuajos, pequeños crustáceos e insectos acuáticos. Para pescar se posa sobre ramas en zonas donde el agua está mansa, y gracias a su precisa visión localiza a su presa y con ayuda de la fuerza muscular de sus alas se lanza al agua de cabeza y a gran velocidad. Su pico en forma de cuña le permite penetrar en el agua sin salpicaduras. Luego vuelve a su posadero e ingiere a la presa, primero la cabeza, con las espinas y las escamas a favor para evitar hacerse daño.

Martín pescador pescando a cámara lenta.

Excava su nido principalmente en taludes de ríos, primero hacen una galería de acceso para llegar a una cámara interior donde ponen entre 4 y 8 huevos, que tras aproximadamente tres semanas eclosionan. A veces ponen dos nidadas en un temporada y, raramente, hasta tres.

Martín pescador posado entre la vegetación de la laguna de El Campillo.

El martín pescador está catalogado como especie «De interés especial» en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y aparece en el Libro Rojo de las aves de España como “Casi amenazado”. Se ve afectado negativamente por la pérdida de su hábitat ocasionada por las actividades humanas y la contaminación.

Os dejamos un programa de El hombre y la Tierra dedicado a esta espectacular ave:

https://www.rtve.es/alacarta/videos/el-hombre-y-la-tierra/hombre-tierra-fauna-iberica-martin-pescador/3298478/

Fuentes:

2020 en El Campillo

Si algo marcó todos los aspectos de nuestra vida durante el 2020 fue el coronavirus, ya que desde mediados de marzo, con la llegada del confinamiento, tuvimos que quedarnos en casa y adaptarnos a la nueva situación. Sin embargo, los primeros meses del año pudimos vivirlos con normalidad y, tras unas semanas de reformas, pudimos inaugurar nuestra «Huerta Calamón» con una jornada de puertas abiertas.

Disfrutando de las jornadas.

Más tarde, durante los meses de confinamiento (marzo a mayo), nosotras también nos quedamos en casa y reconvertimos nuestro trabajo completamente al mundo virtual para poder llegar a todos los hogares. A lo largo de esas semanas, junto con el resto de centros de educación ambiental de la Comunidad de Madrid, propusimos multitud de actividades dentro del programa «Los CEAs en tu casa» y publicamos decálogos de buenas prácticas en el hogar. Entre otras actividades realizamos talleres de reutilización, mini talleres de rastros de animales y talleres de huerta en casa.

En junio, con la llegada del desconfinamiento, pudimos reabrir al público (aunque solo abrimos el recinto exterior). Para adaptarnos a la «nueva normalidad» señalizamos un recorrido unidireccional para evitar el cruce entre visitantes, restringimos el aforo e hicimos obligatoria la reserva previa y el seguimiento de unas normas básicas de prevención (distancia de 2 metros, mascarilla, …). La reapertura fue todo un éxito ya que en los fines de semana de ese mes vinieron a visitarnos 1300 personas.

Visitantes avistando aves desde el observatorio.

Ese mismo mes, retomamos muy poco a poco el desarrollo de actividades y comenzamos a realizar algunos talleres de huerto. En julio, ampliamos los talleres y comenzamos con las sendas guiadas (siempre cumpliendo las normas básicas de prevención y con los aforos permitidos en cada momento). En septiembre, pudimos realizar la inauguración, que inicialmente estaba programada para el mes de marzo pero que tuvimos que retrasar obligatoriamente por el confinamiento, de nuestra exposición fotográfica «El Campillo a través de las estaciones», con las fotografías realizadas a través del proyecto que lanzamos en 2019 con el mismo nombre. En primer lugar lo hicimos con los fotógrafos participantes y, a lo largo de los meses siguientes, realizamos visitas guiadas al centro en grupos reducidos para poder verla.

A pesar de todo, tenemos la suerte de dar las gracias a las 12082 personas que visitaron nuestras instalaciones a lo largo de 2020 y a las 793 que participaron en nuestras actividades. Aunque hemos tenido muchos más visitantes que en años anteriores, hemos tenido muchos menos participantes en las actividades. Ha sido debido a los aforos establecidos para las actividades que tras el confinamiento han sido de 6 o 10 personas. Por ese motivo las listas de espera para las actividades han incrementando hasta sumar 456 personas.

El dato que también tenemos que tener en cuenta este año es el alcance de las actividades propuestas a través de nuestras redes sociales durante el confinamiento. En total, y solamente teniendo en cuenta Facebook y Twitter, esas actividades tuvieron un alcance de 61.762 personas (37.555 en Facebook y 24.207 en Twitter).

Este 2020 para nosotros también ha sido un año de renovación. No solo hemos remodelado completamente nuestro huerto sino que también hemos restaurado los elefantes, adaptado el observatorio a todas las movilidades, construido una nueva cabaña y restaurado la que ya teníamos. Además, hemos realizado podas de mantenimiento en todo el recinto para evitar accidentes por las caídas de ramas secas.

También aprovechamos la ocasión para agradecer el trabajo y colaboración de los productores que un año más nos han abierto sus puertas para dar a conocer otro de los valores del Parque Regional del Sureste: sus productos. Hablamos de Ramón, Raúl y Alfonso de la Bodega Viña Bayona; de Jacob e Isabel de Cervezas Villa de Madrid; de Cipri y Cristina de Vinos y Aceites de Arganda: de Sole, Luis y Jesús de Fructum, y a los productores del mercado agroecológico de Rivas Vaciamadrid en especial a Ecodebio.

Por otro lado, queremos mencionar a la Asociación IAIA gracias a la cuál pudimos tener la exposición «Tejiendo mares de solidaridad» durante los primeros meses del año; a los fotógrafos que participaron en el proyecto «El Campillo a través de la estaciones» y, por supuesto, al personal de la oficina técnica del Parque Regional del Sureste porque nuestro trabajo no sería completo sin su ayuda y colaboración.

Esperamos que poco a poco el 2021 nos traiga esa vieja normalidad que tanto echamos de menos y podamos volver a abrir las puertas del interior de nuestro centro, realizar actividades con mayores aforos y desarrollar todas las sorpresas que tenemos preparadas para el año que entra.

¿Qué es la fenología?

Como ya os contamos, en el mes de septiembre, estrenamos en nuestro mirador la exposición temporal “El Campillo a través de las estaciones” , una muestra fotográfica cuyo objetivo fue plasmar los cambios que se pueden observar en los alrededores de nuestra laguna durante el año. A raíz de eso hemos querido profundizar más en el tema y dar a conocer la ciencia que estudia este proceso de transformación natural del paisaje, la fenología.

Cartel promocional del proyecto fotográfico.

La Real Academia Española (RAE) la define como “El estudio de los fenómenos biológicos en relación con el clima, particularmente en los cambios estacionales». Otras fuentes la describen como «la ciencia que estudia cómo las condiciones climáticas afectan a los ciclos de vida de los seres vivos, mediante un proceso de observación directa del entono«.

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Integrante del CEA El Campillo realizando fotos de los cambios en el paisaje.

Es por tanto una ciencia multidisciplinar que nos permite estudiar y evaluar los efectos de las variaciones climáticas y los mecanismos de adaptación de las especies frente a estos cambios, para después aplicar dichos conocimientos a otros ámbitos como la agricultura.

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El mecanismo de estudio se basa, como hemos mencionado antes, en la observación directa de las variaciones en los ciclos biológicos de animales y plantas, tales como cambios en los crecimientos y coloración estacional de árboles y arbustos o las migraciones de las aves. Estas transformaciones sirven para describir las fenofases o fases fenológicas. Al mismo tiempo, se toman una serie de datos (colores, altura, peso, localización, etc.) y se registra la fecha en la que se observan los cambios, a esto se le denomina dato fenológico o fenodato.

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Para conseguir que las observaciones tengan rigor científico es importante que se realicen series temporales largas que permitan evaluar bien los cambios, que sean homogéneas (preferiblemente que sean del mismo individuo y en el mismo sitio), validadas y que los registros de los mismos fenómenos estén bien distribuidos geográficamente por el territorio para evitar que sean casos aislados.

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Fotografías del mismo punto de la Laguna Campillo en las cuatro estaciones del año: invierno, primavera, verano y otoño.

En cuanto a las aplicaciones de la fenología, una de las principales es el estudio y la evaluación de los efectos del cambio climático sobre los seres vivos y su relación con la capacidad que tienen para adaptarse a la inestabilidad climática. También se usa para mejorar la gestión, el rendimiento y la productividad de los cultivos, ya que se conoce mejor que época es más apropiada para abonar, si se debe regar más o menos, o cuándo se debe podar. En el caso de las aves es útil para localizar o construir refugios para que puedan anidar y garantizar su éxito reproductivo y facilita los estudios de poblaciones ya que se obtiene información sobre su ciclo reproductivo, sus migraciones, etc.  Otra aplicación es la de analizar las interacciones de unos seres vivos con otros y cómo, si se modifica el ciclo de vida de una especie, afecta a la otra.

Fuentes:

Gaviotas en el Campillo

Son muchos los visitantes que se sorprenden cuando caminando por la senda, divisan una gran mancha de puntos blancos y grises en el centro de la laguna. Y son muchos también los que se acercan preguntando qué son y la respuesta es desconcertante… son ni más ni menos que gaviotas. 

Juveniles de gaviotas en Galicia.

Históricamente las gaviotas son aves principalmente marinas, pero en los últimos años han ido colonizando nuevos territorios hasta llegar a Madrid. En El Campillo hemos identificado varias especies de gaviota, las más abundantes son reidora y sombría y en menor medida patiamarilla y tridáctila.

La primeras en cambiar la costa por el interior fueron las gaviotas reidoras. Son aves de pequeño tamaño, comparadas con el resto de las de su especie,  de color gris en la parte dorsal y blanca en la parte ventral, con una mancha de color marrón oscuro en la cabeza durante la época reproductora, la cual queda reducida a una pequeña mancha auricular el resto del año.

Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus). Fuente SEO/BirdLife

Más tarde aparecieron gaviotas sombrías, las cuales gracias a su versatilidad y capacidad de adaptación, han conseguido conquistar buena parte del territorio que antes dominaban las gaviotas reidoras. Son de tamaño considerablemente más grande que las demás y son de color blanco con el dorso en gris oscuro. Destacan sus patas, pico e iris que son de color amarillo brillante y además presentan un anillo ocular rojo muy característico.

Gaviota sombría (Larus fuscus). Fuente SEO/BirdLife

Ambas especies son coloniales y es frecuente verlas formando grandes grupos cerca de lugares donde abunde el alimento, tales como humedales y vertederos. En el caso de las sombrías suelen invadir colonias de otras especies de gaviotas y robarles los huevos y los pollos.

¿Pero por qué aparecieron estas aves en Madrid? Normalmente las poblaciones migran desde sus zonas de cría en Europa hasta nuestro país, y cada vez son más las que eligen las zonas interiores donde obtienen comida regularmente. En las últimas dos décadas, en Madrid, se han llegado a superar los cien mil individuos en los meses de invierno.

Una bandada de gaviotas en un tramo del río Manzanares a su paso por Madrid. (Foto: Kike Rincón)

El principal motivo de su llegada a la capital es la gran capacidad que tienen para adaptarse y aprovechar las ventajas que les ofrecen los vertederos de residuos que se sitúan cerca de las grandes ciudades. Otra de las razones parece estar en la renaturalización del río Manzanares, estas aves se posan en el río a descansar y usan su cauce como vía que conecta sus zonas de alimentación diarias en el sur y sureste de Madrid, como es el caso del Parque Regional del Sureste, y los principales dormideros del norte, como son los embalses de Guadalix y Santillana.

Como ocurría en el caso de las cigüeñas blancas, la mayoría de las que vemos en la capital son poblaciones invernantes que no crían aquí, pero también hay una parte de la población joven que decide quedarse y pasar el resto del año en los humedales y ríos de la capital.

Fuentes:

Aves de España. Eduardo de Juana y Juan M. Varela.

Seo/BirdLife

https://www.larazon.es/madrid/20200203/7qs5rlwiwfg5bki26ovpqt5z54.html

https://www.madridiario.es/440884/fauna-aves-renaturalizacion-manzanares

Exposición «El Campillo a través de las estaciones»

Coincidiendo en fechas con el equinoccio de otoño, el pasado sábado 19 de septiembre, cumpliendo todas las normas y restricciones establecidas respecto a la situación de la COVID-19, pudimos inaugurar una nueva exposición en nuestro centro: «El Campillo a través de las estaciones». No fue la inauguración que imaginábamos ni hubiéramos deseado pero, en grupos reducidos, los autores de las fotografías expuestas pudieron venir acompañados de 2 familiares o amigos para disfrutar de su exposición durante una hora.

El origen de la exposición se remonta al 4 de enero de 2019 cuando lanzamos la convocatoria para participar en el proyecto fotográfico con el mismo nombre. A través de este proyecto, las personas que quisieron, se sumaron al equipo de nuestro centro para fotografiar un punto concreto de El Campillo a lo largo de las estaciones o los meses y así, retratar los cambios que acontecen a lo largo del año.

Cartel promocional del proyecto fotográfico.

Al final, 14 personas participaron en el proyecto junto al equipo campillero fotografiando un total de 62 puntos (9 de ellos fotografiados en cada estación y 13 mensualmente) y realizando 596 fotografías.

Con todas esas fotografías se ha realizado la exposición que está formada por un panel explicativo, 22 montajes fotográficos correspondiente cada uno a un punto de los fotografiados por cada participante en el proyecto (9 de estaciones y 13 de meses) y una proyección con el total de las fotografías realizadas.

El resto de campilleros y campilleras vais a tener que esperar unos días más para poder disfrutar de la exposición ya que nuestro edificio (no así nuestro recinto) aún permanece cerrado. Esperamos poder abrir de nuevo las puertas para que podáis ver la exposición en las próximas semanas. De momento estamos realizando pequeñas visitas organizadas para que el público pueda admirar estas composiciones fotográficas. Os mantendremos informados en nuestras redes sociales (Facebook y Twitter).

Árbol singular: Chopo de Don Sergio

Entre los elementos naturales que podemos encontrar dentro de la superficie del Parque Regional del Sureste encontramos uno de los árboles singulares de la Comunidad de Madrid: el Chopo de Don Sergio.

Fotografía del Chopo de Don Sergio.

Como su nombre bien indica, es un chopo, más concretamente un álamo negro (Populus nigra), especie típica del bosque de ribera en esta zona de la Comunidad de Madrid. Este ejemplar de 26 metros de altura y un perímetro de casi 5 metros, con una edad aproximada de 100 años de edad, se encuentra en el Soto de las Juntas, a orillas del río Manzanares.

El ser vivo más grande y longevo de todo el espacio natural, rinde homenaje a Sergio Gracia, encargado del Servicio de Gestión y Conservación del área protegida, en la cual lleva trabajando más de 20 años.

Cartel informativo junto al árbol.

Si vas a visitarlo, para proteger a este ejemplar singular que queda de chopo autóctono en la Comunidad de Madrid, te pedimos que no te subas a sus ramas, no dañes su corteza y evita pisar sus raíces.

Adaptaciones al frío en animales vertebrados I

Con la llegada de las bajas temperaturas, muchos de nuestros hábitos cambian: ponemos la calefacción, salimos a la calle con abrigo, usamos guantes, cenamos sopas y bebemos líquidos calientes. Y lo hacemos por una razón: para mantener la temperatura de nuestro cuerpo en un rango de temperatura compatible con la vida. Al igual que lo hacemos para combatir al calor, los animales también tenemos adaptaciones y mecanismos para combatir el frío.

Durante el invierno aumentamos la ingesta de líquidos calientes. Fuente: Pixabay.

Las primeras adaptaciones que tienen los animales para combatir el frío son corporales, ya que están diseñados para vivir en los lugares que habitan. De manera general, como dice la Regla de Bergmann, los animales que viven en zonas frías son de tamaño más grande que los que habitan en zonas cálidas. Esto es debido a que en proporción, cuanto más grande es un animal, menos superficie corporal tiene para perder calor corporal.

También ocurre con las formas corporales, que son más redondeadas en zonas más frías ya que, en comparación con formas rectangulares, tienen menos superficie corporal. Además, al contrario que los elefantes (que tienen orejas grandes para airear su sangre y perder calor), los animales que viven en zonas frías tienen orejas y patas pequeñas, precisamente para lo contrario, para no perderlo.

El zorro ártico tiene patas y orejas más pequeñas que sus congéneres. Fuente: Pixabay.

Como dice el lema, «la unión hace la fuerza», y esa unión también sirve para luchar contra el frío. Algunas especies, durante la época de bajas temperaturas, forman grandes grupos. De esta manera, se ofrecen calor los unos a los otros y no todos están expuestos directamente a las bajas temperaturas. Es el caso del pingüino emperador en la Antártida el cual, gracias a formar grandes grupos de individuos, consigue sobrevivir y sacar adelante el período de incubación de sus huevos luchando contra vientos de 200km/h y temperaturas de casi -50ºC.

Un sistema más específico es el que presentan muchas especies de aves y mamíferos. Se trata de adaptaciones circulatorias en las patas que permiten que el calor se transfiera de los vasos sanguíneos que contienen sangre caliente hacia los que contienen sangre más fría evitando que el calor corporal se pierda. Podríamos decir que son intercambiadores de calor a contracorriente. ¿Cómo funciona? El calor de la sangre caliente que circula por la arteria descendiente es trasferido a la sangre venosa fría que sube de las patas. De esta manera se consiguen dos cosas. Por un lado que no se pierda calor por las extremidades (sobre todo las que están en contacto con superficies frías) y que la sangre que entra en el cuerpo de vuelta de esas extremidades no llegue fría, evitando el enfriamiento de los órganos vitales.

Esquema del flujo del intercambio de calor que se produce en las patas de algunos animales. Fuente: Ekann.

Otro sistema para mantener la temperatura que solo tienen los mamíferos es el tiriteo. Seguramente alguna vez que has tenido mucho frío tu cuerpo se ha puesto a tiritar. Esto ocurre porque con el tiriteo, tu cuerpo quema grasa y, a su vez, genera calor. Un calor que es aprovechado para aumentar la temperatura de nuestro cuerpo y mantenerlo en la temperatura óptima de funcionamiento.

Otro fenómeno muy común para el mantenimiento de la temperatura corporal es la «piel de gallina«. Aunque puede ocurrir por varios motivos, cuando lo hace como respuesta al frío, la piloerección consigue aumentar la capa de aire caliente alrededor de nuestra piel creando una capa protectora alrededor de nuestro cuerpo.

La conocida como «piel de gallina» es provoca por el erizamiento del pelo.

Existen muchos mecanismos más en el mundo animal para combatir el frío de los que os hablaremos en el futuro en nuestro blog.

Avefría europea (Vanellus vanellus)

De todas las especies de aves limícolas, seguramente la especie más fácil de identificar sea el avefría (Vanellus vanellus) la cual tenemos la suerte de tener en la superficie del Parque Regional del Sureste.

Al igual que especies como el petirrojo, podemos verla en la Península Ibérica durante todo el año, pero es más fácil hacerlo en invierno ya que su población aumenta con la llegada de individuos procedentes de Europa central y occidental a partir del mes de noviembre. La presencia de estos individuos invernantes, que permanecerán hasta el mes de marzo en nuestras latitudes, nos avisa de la llegada del frío (de ahí su nombre común Avefría y su nombre científico derivado del latín vannus, que aventa).

Ejemplar de avefría con su característico patrón de coloración.

De mediano tamaño (30 cm de longitud, 70 cm de envergadura, 250 gr de peso) y pico corto, la facilidad en su identificación radica en la cresta de finas plumas negras al final de su cabeza; su vientre y cara blancos; su píleo, frente, garganta y banda pectoral de color negro, y sus alas amarronadas con iridiscencias verdosas de las partes superiores en las mismas. En vuelo se aprecian sus alas largas y redondeadas de color blanco y negro.

Grupo de avefrías descansando en un islote en medio de un terreno inundado.

Especie gregaria, su dieta se compone fundamentalmente de invertebrados terrestres (milpiés, arañas, insectos, moluscos,…) que complementa ocasionalmente con algún pequeño vertebrado (ranas o peces) y algo de materia vegetal (semillas o gramíneas).

Su época de cría comienza en mayo con la puesta de cuatro huevos depositados en una leve depresión a veces cubierta con material vegetal. Tras una incubación de casi un mes, nacen unos pollos capaces de desplazarse y alimentarse por si mismos nada más salir del huevo que en 40 días habrán completado su desarrollo.

Habita preferiblemente herbazales, llanuras encharcables y áreas pantanosas. Sin embargo, muchos de estos hábitats han sido degradados o transformados por el ser humano (desecación, canalización de aguas, intensificación agrícola, graveras,…) por lo que han tenido que adaptarse a ambientes antropizados como pastizales o dehesas. Otras amenazas son la intensificación de la actividad ganadera en sus zonas de cría, los incendios y la depredación por parte de perros, ratas y córvidos.

Fuentes:

Sociedad Española de Ornitología

www.vertebradosibéricos.com

«Guía de la Naturaleza en el Parque Regional del Sureste». Grupo NAUMANI. 2005.

«Guía de campo de las aves de España y Europa». Rob Hume. Ediciones Omega. 2002.