Los fortines de Aranjuez: guerra y naturaleza

Aranjuez ha sido históricamente un enclave de gran valor político, territorial y estratégico, situado en la confluencia de los ríos Tajo y Jarama, lo que ha definido su importancia histórica, agrícola y también estratégica. Esta ubicación ha hecho que el territorio sea fértil y un punto de paso natural, lo que ha condicionado tanto su desarrollo económico como su relevancia militar.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), Aranjuez estuvo bajo el mando del bando republicano, siendo cuartel general de la 9ª división del Ejercito Republicano Español, y se convirtió en un punto clave de defensa y retaguardia, instalándose acuartelamientos, baterías y hospitales. Entre el Puente Largo de Aranjuez y el núcleo urbano de este municipio, se levantó en 1938 y principios del 39 una línea fortificada del bando republicano ante un inminente ataque enemigo procedente del lado Oeste del Jarama, llegando hasta Titulcia (batalla del Jarama).

Puente Largo de Aranjuez.
Fuente: https://ingenieria-civil.org/GOING/obra.php?id=131

Este hecho hizo que se construyesen dos fortines de gran importancia en el cerro de Valdelascasas a finales de verano de 1938, donde los mandos del ejército republicano subían cuando tenían que dirigir alguna acción bélica.

Siempre estuvo muy bien defendido. Tras la caída de Toledo en 1936, el avance de las tropas del general José Enrique Valera, del bando nacionalista, nunca se barajó la toma de Aranjuez para llegar lo antes posible a Madrid por esa razón.

Fortines Valdelascasas. Fuente: Wikiloc

La buena defensa del territorio, se debe, entre muchos factores, a las facilidades otorgadas por la naturaleza:

  • Los ríos actuaban como barreras defensivas naturales que dificultaban el paso de personas y materiales pesados, además de ser un punto estratégico para la comunicación y el abastecimiento del ejército. Un ejemplo es el Puente de Añover, lugar con construcciones defensivas precisamente por ser un punto de paso.
  • Los cerros presentes en el municipio (como el de Valdelascasas o el actual Pau de la Montaña) permitían tener una gran visibilidad y control sobre el territorio.
  • La vegetación ayudaba al camuflaje, que junto con los cerros, se usaron para que muchos fortines estuvieran semienterrados aprovechando los taludes y materiales presentes en el entorno.
  • Aranjuez, al ser un territorio notablemente agrícola, aprovechó sus caminos rurales y acequias para usarlos como vías militares y líneas de trincheras. Mejorando así la defensa del bando republicano.

Tras el final del conflicto, la naturaleza recupera lo que un día fue suyo, ahora los fortines sirven como un refugio para fauna entre los que destacan pequeños mamíferos y reptiles, y las plantas vuelven a su espacio. Estos restos defensivos constituyen hoy un valioso patrimonio histórico y paisajístico, testimonio material del papel estratégico de Aranjuez durante la Guerra Civil Española y un elemento clave para la memoria histórica y la comprensión del conflicto.

Fuentes: