Adaptaciones al frío en animales vertebrados II

Como ya contamos en una antigua entrada del blog, los animales están diseñados y presentan adaptaciones para combatir el frío. Sin embargo, hay casos en los que sus cuerpos no están adaptados para aclimatarse al frío, pero sí lo están para huir de él.

Uno de los mecanismos de huida es la migración. Gracias a estos desplazamientos de miles de kilómetros los animales viajan a lugares con condiciones climáticas más benévolas donde tendrán más posibilidades de sobrevivir (a pesar del gran esfuerzo físico que estos conllevan).

Grupo de grullas en migración sobrevolando los cielos de la laguna de El Campillo.

Otra manera de huir del frío pero sin salir de la zona vital del individuo es esconderse de él. La forma más conocida es la hibernación, un proceso voluntario mediante el cual un animal homeotermo reduce temperatura corporal, ritmo metabólico, tasa respiratoria y metabolismo hasta mínimos vitales.

Otros mecanismos similares a la hibernación son el letargo invernal (también en animales homeotermos) y la brumación (en animales poiquilotermos) de los que ya hablaremos en el futuro.

Los anfibios y reptiles bruman durante la época de bajas temperaturas.

La llegada de las bajas temperaturas en algún caso trae consigo otro tipo de cambio en los animales. Uno de los más conocidos es el engorde. Se trata de comer todo lo posible aprovechando alimentos de temporada y con gran contenido en grasas (por ejemplo frutos secos en los bosques como hacen los osos, o bancos de peces en los océanos como hacen algunos cetáceos) y así crear una buena capa de grasa alrededor del cuerpo con una doble función. Por un lado, esa capa de grasa sirve de protección frente al frío y, por el otro, sirve de reserva energética para los meses más desfavorables.

Junto al incremento de esta capa de grasa, se puede producir también un cambio en el pelaje o plumaje de los animales haciéndose estos mucho más densos y abundantes que en épocas cálidas. Este cambio de pelaje provoca la pérdida y caída del pelo o plumas de verano y, en algún caso, va asociado también a un cambio de color pasando de tonos marrones a tonos blancos para camuflarse mejor en un entorno nevado. Esto le ocurre a especies como el zorro ártico, el armiño o el lagópodo alpino entre otros.

Cambios en el plumaje del lagópodo alpino a través de las estaciones. Fuente: SEO.

Pero sin lugar a dudas, uno de los casos más extremos que podemos encontrar para la lucha contra el frío sería, podríamos decir, dejarse vencer por él.

Es el caso de la rana de la madera de Alaska que se congela al llegar el otoño y pasa el invierno congelada deteniendo su respiración y su circulación sanguínea, para evitar la muerte de sus células debido a la congelación. Las ranas sintetizan grandes cantidades de glucosa (un tipo de azúcar) reduciendo el daño celular.

Fuentes:

Martín pescador común (Alcedo atthis)

Nuestro protagonista de hoy se caracteriza porque, a pesar de su pequeño tamaño, es uno de los más vistosos y llamativos de entre toda la avifauna que podemos contemplar en el Parque Regional del Sureste.

El martín pescador (Alcedo atthis) mide tan solo 17 centímetros, en proporción con su cuerpo compacto tiene la cabeza grande, el pico es negro y largo y las alas anchas, mientras que las patas y la cola son cortas. Su plumaje es rojo anaranjado por debajo (región ventral) y de un azul brillante y metalizado por la parte dorsal, a veces torna a tonos verdosos. También tiene una mancha blanca en la garganta y en los laterales del cuello.

La diferencia entre machos y hembras es muy sutil, tenemos que fijarnos en la tonalidad de la parte inferior del pico, que es negra en el macho y anaranjada en la hembra. Igual pasa con los jóvenes, solo se diferencian de un adulto porque su coloración es más turquesa y porque, mientras que los adultos tienen las patas de un rojizo intenso, las de estos son más oscuras.

Martín pescador observado a través del telescopio.

Su distribución es muy amplia por toda Europa, norte de África y Asia central y meridional. A nivel peninsular está bastante repartido y en la Comunidad de Madrid se encuentra de forma irregular, con preferencia por altitudes medias. Normalmente ocupa tramos de ríos y lagunas con aguas claras y no demasiado rápidas, en orillas provistas de taludes y una vegetación palustre más o menos densa. Aunque podemos encontrarlos durante todo el año, se muestran más activos en primavera. Son bastante esquivos pero fáciles de reconocer como un destello azul turquesa que se precipita en el río o la laguna, mientras emite un agudo y penetrante «chii».

Martín pescador visto desde el mirador de la exposición del CEA El Campillo.

Su nombre nos da una pista sobre el componente fundamental de su dieta, los peces, aunque también se alimenta de renacuajos, pequeños crustáceos e insectos acuáticos. Para pescar se posa sobre ramas en zonas donde el agua está mansa, y gracias a su precisa visión localiza a su presa y con ayuda de la fuerza muscular de sus alas se lanza al agua de cabeza y a gran velocidad. Su pico en forma de cuña le permite penetrar en el agua sin salpicaduras. Luego vuelve a su posadero e ingiere a la presa, primero la cabeza, con las espinas y las escamas a favor para evitar hacerse daño.

Martín pescador pescando a cámara lenta.

Excava su nido principalmente en taludes de ríos, primero hacen una galería de acceso para llegar a una cámara interior donde ponen entre 4 y 8 huevos, que tras aproximadamente tres semanas eclosionan. A veces ponen dos nidadas en un temporada y, raramente, hasta tres.

Martín pescador posado entre la vegetación de la laguna de El Campillo.

El martín pescador está catalogado como especie «De interés especial» en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y aparece en el Libro Rojo de las aves de España como “Casi amenazado”. Se ve afectado negativamente por la pérdida de su hábitat ocasionada por las actividades humanas y la contaminación.

Os dejamos un programa de El hombre y la Tierra dedicado a esta espectacular ave:

https://www.rtve.es/alacarta/videos/el-hombre-y-la-tierra/hombre-tierra-fauna-iberica-martin-pescador/3298478/

Fuentes:

Gaviotas en el Campillo

Son muchos los visitantes que se sorprenden cuando caminando por la senda, divisan una gran mancha de puntos blancos y grises en el centro de la laguna. Y son muchos también los que se acercan preguntando qué son y la respuesta es desconcertante… son ni más ni menos que gaviotas. 

Juveniles de gaviotas en Galicia.

Históricamente las gaviotas son aves principalmente marinas, pero en los últimos años han ido colonizando nuevos territorios hasta llegar a Madrid. En El Campillo hemos identificado varias especies de gaviota, las más abundantes son reidora y sombría y en menor medida patiamarilla y tridáctila.

La primeras en cambiar la costa por el interior fueron las gaviotas reidoras. Son aves de pequeño tamaño, comparadas con el resto de las de su especie,  de color gris en la parte dorsal y blanca en la parte ventral, con una mancha de color marrón oscuro en la cabeza durante la época reproductora, la cual queda reducida a una pequeña mancha auricular el resto del año.

Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus). Fuente SEO/BirdLife

Más tarde aparecieron gaviotas sombrías, las cuales gracias a su versatilidad y capacidad de adaptación, han conseguido conquistar buena parte del territorio que antes dominaban las gaviotas reidoras. Son de tamaño considerablemente más grande que las demás y son de color blanco con el dorso en gris oscuro. Destacan sus patas, pico e iris que son de color amarillo brillante y además presentan un anillo ocular rojo muy característico.

Gaviota sombría (Larus fuscus). Fuente SEO/BirdLife

Ambas especies son coloniales y es frecuente verlas formando grandes grupos cerca de lugares donde abunde el alimento, tales como humedales y vertederos. En el caso de las sombrías suelen invadir colonias de otras especies de gaviotas y robarles los huevos y los pollos.

¿Pero por qué aparecieron estas aves en Madrid? Normalmente las poblaciones migran desde sus zonas de cría en Europa hasta nuestro país, y cada vez son más las que eligen las zonas interiores donde obtienen comida regularmente. En las últimas dos décadas, en Madrid, se han llegado a superar los cien mil individuos en los meses de invierno.

Una bandada de gaviotas en un tramo del río Manzanares a su paso por Madrid. (Foto: Kike Rincón)

El principal motivo de su llegada a la capital es la gran capacidad que tienen para adaptarse y aprovechar las ventajas que les ofrecen los vertederos de residuos que se sitúan cerca de las grandes ciudades. Otra de las razones parece estar en la renaturalización del río Manzanares, estas aves se posan en el río a descansar y usan su cauce como vía que conecta sus zonas de alimentación diarias en el sur y sureste de Madrid, como es el caso del Parque Regional del Sureste, y los principales dormideros del norte, como son los embalses de Guadalix y Santillana.

Como ocurría en el caso de las cigüeñas blancas, la mayoría de las que vemos en la capital son poblaciones invernantes que no crían aquí, pero también hay una parte de la población joven que decide quedarse y pasar el resto del año en los humedales y ríos de la capital.

Fuentes:

Aves de España. Eduardo de Juana y Juan M. Varela.

Seo/BirdLife

https://www.larazon.es/madrid/20200203/7qs5rlwiwfg5bki26ovpqt5z54.html

https://www.madridiario.es/440884/fauna-aves-renaturalizacion-manzanares

Adaptaciones al frío en animales vertebrados I

Con la llegada de las bajas temperaturas, muchos de nuestros hábitos cambian: ponemos la calefacción, salimos a la calle con abrigo, usamos guantes, cenamos sopas y bebemos líquidos calientes. Y lo hacemos por una razón: para mantener la temperatura de nuestro cuerpo en un rango de temperatura compatible con la vida. Al igual que lo hacemos para combatir al calor, los animales también tenemos adaptaciones y mecanismos para combatir el frío.

Durante el invierno aumentamos la ingesta de líquidos calientes. Fuente: Pixabay.

Las primeras adaptaciones que tienen los animales para combatir el frío son corporales, ya que están diseñados para vivir en los lugares que habitan. De manera general, como dice la Regla de Bergmann, los animales que viven en zonas frías son de tamaño más grande que los que habitan en zonas cálidas. Esto es debido a que en proporción, cuanto más grande es un animal, menos superficie corporal tiene para perder calor corporal.

También ocurre con las formas corporales, que son más redondeadas en zonas más frías ya que, en comparación con formas rectangulares, tienen menos superficie corporal. Además, al contrario que los elefantes (que tienen orejas grandes para airear su sangre y perder calor), los animales que viven en zonas frías tienen orejas y patas pequeñas, precisamente para lo contrario, para no perderlo.

El zorro ártico tiene patas y orejas más pequeñas que sus congéneres. Fuente: Pixabay.

Como dice el lema, «la unión hace la fuerza», y esa unión también sirve para luchar contra el frío. Algunas especies, durante la época de bajas temperaturas, forman grandes grupos. De esta manera, se ofrecen calor los unos a los otros y no todos están expuestos directamente a las bajas temperaturas. Es el caso del pingüino emperador en la Antártida el cual, gracias a formar grandes grupos de individuos, consigue sobrevivir y sacar adelante el período de incubación de sus huevos luchando contra vientos de 200km/h y temperaturas de casi -50ºC.

Un sistema más específico es el que presentan muchas especies de aves y mamíferos. Se trata de adaptaciones circulatorias en las patas que permiten que el calor se transfiera de los vasos sanguíneos que contienen sangre caliente hacia los que contienen sangre más fría evitando que el calor corporal se pierda. Podríamos decir que son intercambiadores de calor a contracorriente. ¿Cómo funciona? El calor de la sangre caliente que circula por la arteria descendiente es trasferido a la sangre venosa fría que sube de las patas. De esta manera se consiguen dos cosas. Por un lado que no se pierda calor por las extremidades (sobre todo las que están en contacto con superficies frías) y que la sangre que entra en el cuerpo de vuelta de esas extremidades no llegue fría, evitando el enfriamiento de los órganos vitales.

Esquema del flujo del intercambio de calor que se produce en las patas de algunos animales. Fuente: Ekann.

Otro sistema para mantener la temperatura que solo tienen los mamíferos es el tiriteo. Seguramente alguna vez que has tenido mucho frío tu cuerpo se ha puesto a tiritar. Esto ocurre porque con el tiriteo, tu cuerpo quema grasa y, a su vez, genera calor. Un calor que es aprovechado para aumentar la temperatura de nuestro cuerpo y mantenerlo en la temperatura óptima de funcionamiento.

Otro fenómeno muy común para el mantenimiento de la temperatura corporal es la «piel de gallina«. Aunque puede ocurrir por varios motivos, cuando lo hace como respuesta al frío, la piloerección consigue aumentar la capa de aire caliente alrededor de nuestra piel creando una capa protectora alrededor de nuestro cuerpo.

La conocida como «piel de gallina» es provoca por el erizamiento del pelo.

Existen muchos mecanismos más en el mundo animal para combatir el frío de los que os hablaremos en el futuro en nuestro blog.

Avefría europea (Vanellus vanellus)

De todas las especies de aves limícolas, seguramente la especie más fácil de identificar sea el avefría (Vanellus vanellus) la cual tenemos la suerte de tener en la superficie del Parque Regional del Sureste.

Al igual que especies como el petirrojo, podemos verla en la Península Ibérica durante todo el año, pero es más fácil hacerlo en invierno ya que su población aumenta con la llegada de individuos procedentes de Europa central y occidental a partir del mes de noviembre. La presencia de estos individuos invernantes, que permanecerán hasta el mes de marzo en nuestras latitudes, nos avisa de la llegada del frío (de ahí su nombre común Avefría y su nombre científico derivado del latín vannus, que aventa).

Ejemplar de avefría con su característico patrón de coloración.

De mediano tamaño (30 cm de longitud, 70 cm de envergadura, 250 gr de peso) y pico corto, la facilidad en su identificación radica en la cresta de finas plumas negras al final de su cabeza; su vientre y cara blancos; su píleo, frente, garganta y banda pectoral de color negro, y sus alas amarronadas con iridiscencias verdosas de las partes superiores en las mismas. En vuelo se aprecian sus alas largas y redondeadas de color blanco y negro.

Grupo de avefrías descansando en un islote en medio de un terreno inundado.

Especie gregaria, su dieta se compone fundamentalmente de invertebrados terrestres (milpiés, arañas, insectos, moluscos,…) que complementa ocasionalmente con algún pequeño vertebrado (ranas o peces) y algo de materia vegetal (semillas o gramíneas).

Su época de cría comienza en mayo con la puesta de cuatro huevos depositados en una leve depresión a veces cubierta con material vegetal. Tras una incubación de casi un mes, nacen unos pollos capaces de desplazarse y alimentarse por si mismos nada más salir del huevo que en 40 días habrán completado su desarrollo.

Habita preferiblemente herbazales, llanuras encharcables y áreas pantanosas. Sin embargo, muchos de estos hábitats han sido degradados o transformados por el ser humano (desecación, canalización de aguas, intensificación agrícola, graveras,…) por lo que han tenido que adaptarse a ambientes antropizados como pastizales o dehesas. Otras amenazas son la intensificación de la actividad ganadera en sus zonas de cría, los incendios y la depredación por parte de perros, ratas y córvidos.

Fuentes:

Sociedad Española de Ornitología

www.vertebradosibéricos.com

«Guía de la Naturaleza en el Parque Regional del Sureste». Grupo NAUMANI. 2005.

«Guía de campo de las aves de España y Europa». Rob Hume. Ediciones Omega. 2002.

Migraciones: grandes viajes para la supervivencia

Hay varios momentos a lo largo del año en los que, si nos paramos a mirar, veremos enormes bandos de aves surcando los cielos de El Campillo en una dirección determinada. Si estos bandos están realizando un viaje periódico entre distintas zonas, están realizando un viaje llamado migración. Los motivos por los que se realiza este viaje pueden ser varios: búsqueda de comida, encontrar un lugar para criar, evitar temperaturas muy bajas…

Grupo de grullas (Grus grus) sobrevolando la laguna de El Campillo durante su migración.

Puede parecer un viaje simple y sin importancia pero no lo es, sino que es un viaje vital para su supervivencia y que a la vez pone en juego su vida. ¿Por qué? Antes de comenzar este gran viaje hay que asegurarse de tener las reservas energéticas necesarias para su realización y estar bien preparados, para ello en algunos casos se producen cambios físicos (aumento de los músculos) y fisiológicos en el animal (los peces que cambian de agua dulce a salada aumentan su tolerancia a la sal).

Además, durante el viaje, el animal no solo va a encontrarse con inclemencias climáticas desfavorables, sino que también se expone a depredadores (más al final del viaje cuando las reservas energéticas escasean) y, en algunos casos, durante el viaje atraviesa grandes desiertos y océanos sin sitios donde protegerse o alimentarse.

¿Qué provoca la migración? Un cambio en la duración de los días, el incremento de hormonas reproductoras, la inquietud creciente y su ritmo innato son algunos de los factores que desencadenan la migración.

 

El cambio de color en las hojas de los bosques caducifolios marca la estación otoñal.

Pero… ¿cómo se orientan? Los animales que migran usan diferentes indicadores para navegar. Entre ellos se encuentran: el campo magnético terrestre, el sol, las estrellas, las cadenas montañosas, las líneas de costa e incluso los olores. Pero la verdadera navegación se basa en un mapa mental para determinar la posición con respecto a su destino. Y, por supuesto, en una información innata, ya que hay especies en las que los adultos migran primero y los juveniles parten después llegando al mismo lugar de manera independiente sin haber realizado antes la migración.

 

Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) durante su estancia en la laguna de El Campillo.

Aunque existen muchos tipos de migraciones podemos hacer una clasificación según diferentes criterios. Si nos basamos en la dirección del movimiento que hacen, tenemos tres tipos de migraciones diferentes. Por un lado estaría la migración latitudinal, es decir, la migración mediante la cual los animales se mueven en el eje norte-sur cambiando de latitud. Por otro, tendríamos la migración que se realiza en el eje este-oeste, la migración longitudinal (ya que el animal cambia de longitud). Esta generalmente se realiza entre interiores de los continentes y zonas costeras. Y por último, tendríamos la migración altitudinal, seguramente la menos conocida. Esta migración la realizan animales que viven en zonas montañosas y se mueven de una altitud a otra dentro de la montaña (mas arriba o mas abajo) a lo largo del año. 

Muchos petirrojos (Erithacus rubecula) viajan desde el centro y norte de Europa para invernar aquí.

Búho real (bubo bubo)

Una de las aves más difíciles de ver en el Parque Regional del Sureste es el búho real, su nombre científico proviene de la Edad Media y representa el sonido que hace esta rapaz. Es la más grande de las rapaces nocturnas europeas, con una altura de 60-70 cm, un peso que varia entre 1,5-3 kg y una envergadura de 150-180 cm.

El búho real, posee un plumaje pardo y jaspeado, con distintos tonos de marrón, negro y blanco. Cuenta con dos carismáticos penachos de plumas a los lados de la cabeza en forma de ‘orejas’, los cuales son más erizadas en los machos. Los ojos son lo más llamativo de este animal, pues son de un naranja muy intenso.

Europea Búho Real, Lechuza, Ave De Presa

Ojos naranjas del búho real, imagen de pixabay.

El búho real es un formidable depredador nocturno capaz de alimentarse de una enorme variedad de presas, su preferida son los conejos. En ausencia de esta presa, pueden alimentarse de reptiles, ranas, peces o de algún mamífero abundante como topillos o ratas e incluso de otras rapaces. Se considera que está en lo más alto de la cadena trófica ya que no tiene ningún tipo de depredadores, excepto el ser humano.

Su vuelo es tremendamente silencioso. Los búhos, como otras rapaces, tienen posaderos habituales desde los que otean la actividad a su alrededor, esperando que una presa delate su presencia, momento en el que caen desde el cielo en perfecto silencio.

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Ala, garra y cráneo del búho real en la exposición del Centro El Campillo

Aunque de carácter reservado y solitario, puede instalarse en hábitats muy diversos, pero prefiere las zonas bravías con abundantes roquedales, tajos y cortados. En el Parque Regional del Sureste habita en las repisas y oquedades del cantil rocoso. Es fuertemente territorial. Suelen formar parejas estables que se mantienen unidas durante todo el año. Presentan cierto dimorfismo sexual siendo las hembras algo más grandes que los machos.

El cortejo y marcaje del territorio comienza aproximadamente en noviembre-diciembre, prolongándose los cantos hasta poco entrado el año. El marcaje del territorio lo realizan emitiendo su canto desde posaderos que lo delimitan, se ha observado que realizan marcación de territorio sobre rocas mediante excrementos.

No construyen nido, poniendo entre febrero-abril normalmente 3 huevos con diferencias de 2 a 4 días entre ellos.  La incubación comienza con la puesta del primer huevo, así el nacimiento de los pollos es asincrónico lo que determina desde el primer momento una jerarquía alimentaria en la pollada. Aunque ambos progenitores se encargan del cuidado de los pollos es la hembra la que dedica más tiempo a las cebas y al cuidado de la prole. Los pollos abandonan el nido a los 28-35 días, sin poder volar aún, y los progenitores continúan alimentándolos durante algún tiempo. A los 60 días ya vuelan. Los búhos jóvenes una vez abandonan el nido no realizan desplazamientos de gran envergadura y raramente se alejan del lugar de nacimiento más de 100 km. 

Durante décadas, el búho real fue duramente perseguido por los supuestos daños que causaba a las especies cinegéticas. Actualmente, aunque han disminuido los ejemplares muertos por disparo, se enfrentan a otras amenazas como los tendidos eléctricos, la proliferación del tráfico rodado y los cambios en la explotación del medio rural.

buhocampillo

Búho real en las instalaciones del Centro El Campillo.

Fuentes y Bibliografía:

«Guía de la Naturaleza en el Parque Regional del Sureste», Coordinador Manuel Fernández. Grupo Naumanni

https://brinzal.org

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Los ciervos berrean, los gamos roncan y los corzos ladran

  Con la llegada del otoño, entre los claro-oscuros del bosque, si andamos con sigilo y atención, podremos oír los sonidos del celo de las tres especies de cérvidos que habitan nuestros bosques: ciervos, gamos y corzos. Animales que, perteneciendo a la misma familia y con rasgos comunes en sus comportamientos nupciales, muestran diferentes vocalizaciones que nos permiten identificarles a través de estas.

CUERNAS
Fuente: Guía de Campo: Mamíferos de España. Volumen II. Juan Carlos Blanco.

El ciervo (Cervus elaphus) es el mayor de los cérvidos españoles. Los machos son más grandes en tamaño que las hembras y presentan una cuerna ramificada. Los adultos necesitan un amplio espacio de distribución. Los machos forman un rebaño y las hembras, junto con jóvenes de ambos sexos, otro. Pero en otoño, durante el celo, que suele durar los meses de septiembre y octubre, se forman rebaños mixtos, y comienzan los emparejamientos.

Los machos emiten un sonido parecido a un mugido suave y profundo, popularmente conocido como la berrea. Las hembras se sienten atraídas por los bramidos más poderosos, y los machos compiten por impresionarlas. El bramido está directamente relacionado con la capacidad de lucha, por lo que al final se evitan combates.

El segundo cérvido en tamaño es el gamo (Dama dama). Los machos poseen una cuerna característica en forma de pala, y en su pelaje tienen unas manchas blancas. La distribución de grupos es igual que en los ciervos.

Con la llegada del otoño los gamos entran en celo, el cual sólo dura dos semanas, periodo de tiempo durante el cual los machos producen un sonido muy característico conocido como roncá debido a su parecido con los ronquidos. La finalidad de éste es la misma, impresionar a las hembras y conseguir aparearse con el mayor número de hembras posible.

Por último, el más pequeño de los cérvidos es el corzo (Capreolus capreolus). Los machos tienen una pequeña cuerna con 3 puntas. El celo tiene lugar entre mediados de julio hasta finales de agosto, donde produce un sonido que posiblemente no le atribuiríamos, llamado ladra, parecido a un ladrido, bronco y sonoro, que puede oírse a varios kilómetros de distancia, que usan para impresionar a las hembras y ser elegidos para el apareamiento.

Así que si este otoño paseas por nuestros bosques y campos y oyes ruidos raros, ¡afina el oído para ver si se trata de estos ejemplares!

Fuente:

Guía de Campo: Mamíferos de España. Juan Carlos Blanco.

 

 

 

Perdiz roja (Alectoris rufa)

Una de las aves que podemos observar por los campos cada vez que salimos a caminar por el Parque Regional del Sureste es la tan conocida perdiz (Alectoris rufa). Fue nombrada por el naturalista Linneo al cual le llamó la atención su fuerte color rojo de las patas, pico y contorno de los ojos, por este motivo la denominó rufa, que procede del latín rufus y significa que tiene el pelo rojo. Es un ave galliforme de la familia de los faisánidos (Phasianidae).

La perdiz es un ave de tamaño medio, reacia a volar, por lo que la mayoría de las veces la verás cruzando algún sendero caminando. Tanto el macho como la hembra son muy similares, aunque se les puede distinguir por el tamaño de la cabeza, siendo la cabeza del macho ligeramente mayor a la de la hembra. Su vientre es anaranjado y sus flancos son característicos por su lineas blancas, marrones, negras y grises. Cuando vuela lo hace de forma rápida y directa.

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Es una especie mediterránea por lo que la podemos encontrar en toda la Península Ibérica, Francia, noroeste de Italia y algunas Islas del Mediterráneo. Bien distribuida por España, la podemos encontrar en la mayor parte del territorio exceptuando las zonas altas o de montaña, a partir de los 1.700 metros de altitud.

Podemos verla durante todo el año. Ocupa gran variedad de hábitats aunque prefiere campos abiertos con arbolado disperso (cultivos, matorrales, dehesas…). Principalmente come semillas, hojas, raíces y de vez en cuando artrópodos. Los pollos, en sus primeros días, se alimentan de insectos.

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Mapa de distribución. Fuente: http://www.seo.org

Esta especie, forma sus parejas entre febrero y marzo. Sus nidos se encuentran en el suelo, en pequeñas depresiones que acolcha con plumas y hierbas. En los meses de abril, principios de mayo, esta ave realiza la puesta. La hembra deposita entre 7 y 20 huevos de color crema con manchas de color rojizo y los incuba durante 23 días aproximadamente. El número de huevos en cada puesta es tan elevado debido a su vulnerabilidad, ya que es una especie con gran número de predadores.

Habitualmente realiza una única puesta, pero si realiza dos puestas, esta segunda, es incubada por el macho. Los pollos son nidífugos, abandonan el nido nada más nacer y a los 10 días ya son capaces de realizar sus primeros vuelos.

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Pollo de perdiz. Fuente: http://www.flickr.com

Fuentes consultadas:

https://www.seo.org/ave/perdiz-roja/

https://www.trofeocaza.com/caza-menor/fichas-de-especies/perdiz-roja/

«Aves de España» Eduardo de Juana, Juan M. Varela (Ed. Lynx).

Adaptaciones al calor en mamíferos II

Con la llegada de las altas temperaturas, todos los mamíferos (incluido el ser humano) tratan de adaptarse al calor para sufrirlo lo menos posible. Seguramente te hayas fijado que los perros, entre otros animales, jadean. Este comportamiento es típico tras una buena sesión de ejercicio físico pero también en días de mucho calor. Los perros no sudan como nosotros. Sólo pueden hacerlo a través de sus almohadillas, ya que tienen todo el cuerpo lleno de pelo. Aunque el jadeo puede significar otras cosas, en los momentos de calor el jadeo permite al animal refrigerarse al realizarse una pérdida de vapor de agua a través de la boca de la misma manera que lo hacemos nosotros cuando sudamos.

La vasodilatación es otro de los mecanismos que utilizamos los mamíferos para perder temperatura corporal. Pero… ¿qué es la vasodilatación? Seguramente alguna calurosa tarde de verano o tras realizar un gran esfuerzo, tu cara se ha puesto colorada como un tomate. No nos referimos al característico color de tomar el sol, sino al color rojo del sofoco. Esto es debido a que los vasos sanguíneos de nuestra cara se ensanchan permitiendo que circule mas sangre por ellos. Una sangre que está a demasiada temperatura y necesita enfriarse y nuestra cara, una superficie corporal grande y al descubierto, se convierte en la mejor zona para que nos dé el aire y refresque la sangre.

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Diferencia entre un vaso sanguíneo constringido y otro dilatado. Al dilatarse aumenta el flujo sanguíneo al tener un mayor diámetro.

 

Otros animales, como por ejemplo el elefante o la liebre, lo que tienen son una orejas muy grandes. A través de la vasodilatación, en los momentos de mucho calor, las orejas son recorridas por cantidades más grandes de sangre y, al moverlas o mojárselas, la sangre se enfría y se mantiene la temperatura corporal.

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Elefante africano en la sabana. Fuente: Pixabay.com

 

Si tienes una mascota mamífera en casa (por ejemplo un gato) igual has podido observar alguna vez que, con la llegada del buen tiempo, empiezan a perder mucho pelo. Eso es debido a que el pelo del animal está cambiando. Durante el invierno, al ser una época mas fría, el pelo de muchos mamíferos es más tupido que en verano y con la llegada de temperaturas más altas este se cae. Se debe a que una capa de pelo más densa protege más del frío pero da calor en verano. La solución es un cambio en el pelaje según la época del año.

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Gato doméstico acicalándose. Fuente: Pixabay.com

 

Ahora que ya conoces muchos de los mecanismos que utilizan los mamíferos para sobre llevar mejor el verano es hora de observar estos comportamientos ya sea con tu mascota en casa o con los mamíferos del Parque Regional del Sureste en la naturaleza.