El pasado 5 de abril nos acercamos a celebrar la V Feria del Espárrago de San Martín de la Vega, donde cada año los vecinos se reúnen en la plaza celebrando múltiples actividades cargadas de sabor y tradición.
Cartel promocional de la V Feria
La jornada comenzó con una carrera popular donde hasta los más pequeños tuvieron su oportunidad de disfrutar de este cross por las calles del pueblo, donde todos los participantes recibieron un reconocimiento, medallas y los primeros en llegar se llevaron su premio en espárragos.
También se lleno de olor y sabor la jornada con el concurso de tortilla de espárragos, donde se repartieron los premios a la tortilla con mejor sabor, y a la tortilla con mejor presentación.
A mitad de la jornada mañanera se celebró un gran momento al homenajear a las mujeres jornaleras de San Martín de la Vega. 25 vecinas en el escenario en representación de todas las jornaleras que a lo largo de la historia han recogido espárragos en los campos de San Martín de la Vega, escucharon las palabras de reconocimiento del alcalde y el aplauso de todos los presentes.
Y de principio a fin hasta casi la noche, la feria nos ofreció los stands de agricultores con el producto recién cortado, actuaciones musicales, exhibiciones de danza, exhibiciones de corta y empaquetado del espárrago, degustaciones, castillos hinchables, talleres infantiles…
Por nuestra parte, el Programa de Educación Ambiental El Campillo, formamos parte de los talleres enfocados a toda la familia. Nos acercamos con un stand donde hablamos de fauna auxiliar y de los animales más y menos beneficiosos para la huerta, mostrando ejemplos de múltiples especies en fase adulta y no adulta, varios ejemplos de hoteles de insectos, dibujos y sopas de letras para los más pequeños.
La jornada fue un éxito y esperamos compartir, disfrutar y aprender más el año que viene. Muchas gracias al ayuntamiento por invitarnos y celebrar sus tradiciones por todo lo alto.
Si estás buscando nuevos lugares o entornos para realizar rutas o paseos ahora que ha llegado la primavera, estás de suerte. Hoy te traemos una propuesta de ruta que puede realizarse en bicicleta y es apta para todos los públicos.
Se trata de las estepas cerealistas del entorno de Camarma de Esteruelas, más allá del límite norte del Parque Regional del Sureste. La riqueza faunística del lugar, y su importancia sobre todo para las aves esteparias, ha hecho que se encuentren protegidas tanto por la ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) denominada «Estepas cerealistas de los ríos Jarama y Henares«, como por el ZEC (Zona de Especial Conservación) denominado «Cuencas de los ríos Jarama y Henares«. A lo largo del territorio podemos encontrar numerosos municipios como Meco, Fresno de Torote, Daganzo, Valdeavero, o el ya citado Camarma de Esteruelas.
Cartel de la ZEPA «Estepas cerealistas de los ríos Jarama y Henares» a la salida de Camarma de Esteruelas.
Podemos iniciar el recorrido en el propio municipio de Camarma de Esteruelas, en la plaza del antiguo Ayuntamiento que aún se conserva, y junto a su principal monumento, la Iglesia de San Pedro Apóstol. Desde allí podemos seguir hacia el norte, siguiendo el curso del principal eje vertebrador del municipio, el arroyo Camarmilla, que es afluente del río Henares. En sus aguas es frecuente encontrar ánades reales y gallinetas, así como petirrojos, mirlos y carboneros entre las ramas de los árboles del pequeño bosque de ribera que se forma en los márgenes del arroyo.
Plaza del antiguo Ayuntamiento, Iglesia de San Pedro Apóstol y arroyo Camarmilla.
Después giramos hacia el oeste, atravesamos la carretera M-119, y nos adentramos ya en la estepa cerealista. Como puede que sepas, las estepas cerealistas representan uno de los ecosistemas presentes no sólo en el Parque Regional del Sureste, sino en toda la Comunidad de Madrid. Las estepas son terrenos llanos, abiertos, y sin arbolado, dedicadas tradicionalmente al cultivo de cereales de secano. En nuestra zona principalmente se cultivan trigo y cebada. También es destacable la presencia de amapola silvestre (Papaver rhoeas) que crece normalmente asociada a los campos de trigo. En los caminos también es frecuente encontrar vegetación espontánea, como diferentes especies de cardos (especialmente el cardo borriquero, Onopordum acanthium), margaritas, retamas (Retama sphaerocarpa) y aulagas (Genista scorpius).
Caminos de la estepa cerealista, y campos de cultivo con la amapola silvestre y otras especies vegetales asociadas.
Recorriendo la estepa cerealista, seguimos nuestro camino en dirección noroeste, hacia el municipio de Fresno de Torote. Antes de llegar, tendremos que atravesar un pequeño curso fluvial, el arroyo Torote, que como el Camarmilla, también es afluente del río Henares. Puede que no siempre sea posible cruzarlo dependiendo de la época y el caudal del mismo.
Bosque de ribera junto al arroyo Torote.
Llegar a Fresno de Torote es como viajar en el tiempo. El silencio sólo se ve interrumpido por el paso de vehículos a través de la carretera M-113 que atraviesa el municipio. El pueblo cuenta con un reseñable pasado histórico, cuyo fundador fue Iñigo López de Mendoza, conocido como el primer Marqués de Santillana, en el siglo XV. Actualmente el municipio es de propiedad privada y se encuentra deshabitado desde hace décadas, ya que su población reside en la cercana pedanía de Serracines y sus urbanizaciones. Pese a ello, su casco histórico se encuentra intacto.
Fresno de Torote y alrededores.
Después de la visita a Fresno de Torote, continuaremos nuestra ruta en bicicleta por la estepa cerealista en la segunda parte de la entrada de blog. ¡No os la perdáis!.
El jilguero ha sido elegida como ave del año 2026, siendo las otras candidatas la alondra común y el cormorán moñudo.
Es un ave muy común que se encuentra por toda España. En invierno, vienen jilgueros de otras zonas europeas y se unen a la población sedentaria. Suelen agruparse en bandos, mezclándose cuando van en busca de alimento con otros fringílidos (familia a la que pertenece), como verdecillos, verderones y pardillos.
Jilguero (Carduelis carduelis)
El origen de su nombre es silguero, del latín sily̆bum, y este del griego sílybon ‘cardo’, que hace referencia a su capacidad y adaptación para alimentarse de las semillas de cardo (Sylibum). También es conocido como cardelina o golorito.
¿Cómo identificarla?
Son fáciles de distinguir por los colores de su plumaje. En la cabeza tienen una careta roja con manchas blancas y negras. El pico tiene una base ancha, es largo y acabado en una fina punta. Su cola es negra, con el obispillo y el extremo distal blanco. El macho y la hembra no tienen prácticamente diferencias, aunque los machos pueden tener la careta roja más ancha y los hombros más negros. Para reconocerlos en vuelo se diferencian bien las dos bandas en las alas de color amarillo.
Jilguero posado en unas ramas. Autor: Óscar Rioja
Canto
El macho en celo tiene un variado canto, que combina gorjeos muy diversos. En vuelo emite tintineos cortos, que se entremezclan con gorjeos cortos. Desde tiempos antiguos se ha criado en cautividad por su alegre canto y trinos que son parecidos a los de los canarios. Debido a esto, es capturado como ave de jaula, práctica que es ilegal.
Es abundante en zonas de cultivos, olivares, dehesas , sotos, bosques abiertos, prados, incluso en pinares de carrasco y piñonero. También se encuentra en pueblos y ciudades.
Bando de jilgueros en un arbusto. Autor. Óscar Rioja
Alimentación
Su alimentación es granívora, es especialista en extraer semillas de los cardos y de otras plantas de la familia de las compuestas que se caracterizan, sobre todo, por la presencia de espinas en las hojas o en el tallo y las brácteas de la inflorescencia. También se alimenta de las yemas florales.
Una imagen muy común del jilguero es la pose que adopta cuando saca las semillas. Se coloca sobre las plantas y va seleccionando las que ya han madurado. En este vídeo podemos ver su gran habilidad para comer entre los cardos.
Autor del vídeo: Juan Luis Redajo
Reproducción
Su nido se encuentra en ramas altas de árboles o arbustos y está formado por el vilano (pelos o filamentos que tiene el fruto de muchas plantas compuestas y le sirve para ser transportado por el aire) de herbáceas, lana de oveja y otras fibras vegetales y animales. El macho y la hembra construyen el nido y después el macho se encarga de alimentarla durante la incubación. Normalmente crían dos veces al año.
Los pollos a las dos semanas ya vuelan y piden alimento a los padres durante una semana más, y pronto se independizan. A finales de verano se reagrupan en bandos muy numerosos.
Situación de la especie
Las amenazas a las que se enfrenta son debidas a su vistosa coloración y canto ya que, es cazada en trampas, con miles de ejemplares muertos y enjaulados cada año. Esta práctica es ilegal ya que es una especie protegida no cinegética y su captura está prohibida. La única forma legal de tener jilgueros es mediante la cría en cautividad, procedentes de criadores federados. También sufre las alteraciones de su hábitat por el uso de herbicidas y plaguicidas en los campos de cultivo y olivares.
Y para terminar, compartimos con vosotros como curiosidad, este pieza de Antonio Vivaldi donde la flauta imita y se inspira en el canto de los jilgueros.
La Olivarda es una planta herbácea, de tronco leñoso, que puede alcanzar hasta un metro de altura. Es fácil encontrarla por todo el Parque Regional del Sureste en taludes y márgenes de caminos, campos abandonados, cárcavas, lechos de torrentes, zonas de suelo alterado, etc.
A finales de verano-principios de otoño, florece de forma espectacular, con llamativas inflorescencias amarillas, tiñendo el paisaje otoñal del Parque Regional del Sureste con tonalidades doradas y amarillas. Es semi-caducifolia: en invierno muere la parte alta de sus tallos y la planta se mantiene seca mucho tiempo, cayendo gran parte de sus hojas.
También es conocida como hierba mosquera, altavaca o pulguera. Su nombre científico, Dittrichia viscosa, hace referencia:
Nombre genérico (Dittrichia): alude al botánico alemán Manfred Dittrich.
Nombre específico (viscosa): del latín Viscum, significa pegajoso, por la cualidad de sus hojas de poseer cierta viscosidad.
Descripción botánica
Planta de la familia de las Compuestas (Asteraceae), de cinco decímetros a un metro de altura, tronco leñoso y bastante ramosa.
Sus hojas son alternas, lanceoladas (con forma de lanza), con el margen ligeramente dentado, con un tamaño de 3 a 7 cm de largo y 6 a 12 mm de ancho. Además, las hojas se presentan sentadas en el tallo, es decir, que al carecer de peciolo para unirse al tallo, lo rodean y envuelven por su base, como si lo abrazaran.
Las hojas son muy pegajosas porque se encuentran pobladas de pelillos glandulosos que segregan una sustancia viscosa tóxica, que actúa como repelente natural contra el consumo por parte los herbívoros, así como también tiene el efecto de inhibir la germinación de otras plantas vecinas, que pudieran competir en las primeras etapas de crecimiento y expansión.
La inflorescencia es espigada, alargada, con forma piramidal, de numerosos capítulos florales amarillos de 10-20 mm. El retraso en la época de floración (finales de septiembre) le beneficia, debido a que en esta época las flores son más escasas y el intenso color amarillo de sus flores, atrae a los insectos polinizadores más rezagados.
Los frutos son cipselas (tipo de fruto seco pequeño, duro y que no se abre) de color beige a pardo. Contiene una sola semilla, suelta y menuda, que dispone de un vilano para poder dispersarse con el viento a grandes distancias.
La olivarda es una planta nativa del Mediterráneo, distribuyéndose por toda la región, excepto Chipre. Está muy presente en España. Habita en cunetas, terrenos baldíos, colinas pedregosas, lechos de torrentes y zonas de suelo alterado.
Es una planta muy resistente, capaz de soportar altas condiciones de aridez y escasez de nutrientes. Sus hojas poseen vellosidades y sustancias pringosas, lo que le ayuda a limitar la radiación y a reducir su transpiración, permitiéndole conservar el agua en sus tejidos. Sus semillas poseen una dura cubierta y en caso de incendio, pueden ser las primeras en germinar y establecerse.
Su capacidad colonización de áreas alteradas y su adaptación a vivir en terrenos pobres, secos y soleados, resistiendo amplias variaciones de temperaturas, permite ser utilizada para el control natural de taludes de carreteras y caminos, también de canteras abandonadas, habiendo demostrado una buena capacidad para la retención del suelo.
Usos
La olivarda es muy apreciada como planta medicinal, debido a su alto contenido en eucaliptol. Esta sustancia le confiere propiedades antisépticas, balsámicas y medicinales. Ha tenido múltiples aplicaciones en la medicina tradicional casera contra el paludismo, las enfermedades de las vías urinarias, así como por sus propiedades astringentes.
Se ha utilizado para ayudar a la cicatrización de heridas: machacando las flores y las hojas, sueltan una especie de resina pringosa, rica en eucaliptol, que se usa como base para el ungüento que se aplica sobre la herida abierta o en quemaduras.
También se ha usado para los esguinces, cociendo en agua la flor y hojas y sumergiendo posteriormente el pie.
La Olivarda ha demostrado ser una herramienta valiosa en la agricultura ecológica para el control de plagas. Debido a que actúa como refugio para fauna auxiliar, siendo especialmente útil en el control biológico de la mosca del olivo y la mosca blanca.
La planta aloja en sus agallas a insectos que son parásitos de la mosca del olivo: el díptero Myopites stylata, huésped alternativo de Eupelmus urozonus, enemigo natural de la mosca de la aceituna. La olivarda se suele plantar junto a olivares, hay múltiples estudios que relacionan la presencia abundante de olivarda con bajos niveles de mosca en los campos de olivos.
Diagrama Olivarda. Fuente: semillas silvestres.com
Y para finalizar, hay que destacar su uso actual, debido a que esta planta ha demostrado ser muy eficaz en la fitorremediación de suelos contaminados por metales pesados, especialmente plomo y mercurio, debido a su capacidad para acumularlos en sus raíces y partes aéreas en grandes concentraciones.
Hoy hablamos de una especie que está presente en uno de los ecosistemas del Parque Regional del Sureste, el bosque mediterráneo. Durante el otoño y el invierno, si das un paseo por La Dehesa del Carrascal, en Arganda del Rey, podrás distinguirla entre las encinas y pinos por el color de sus hojas.
Quejigos en la Dehesa del Carrascal
El quejigo es un árbol de la misma familia que la encina, el roble, la coscoja o el alcornoque, las Fagáceas. Entre sus nombres comunes también se conoce como roble carrasqueño o roble valenciano. Quercusera el nombre romano para referirse a los árboles que producen bellota, es decir, a los robles y a su madera. El origen es celta y significa ‘árbol hermoso’.
Ejemplar de quejigo
¿Cómo lo reconocemos? Se trata de un árbol que puede alcanzar los 20 metros. Sus hojas son de color verde por el haz y pálido por el envés. Son simples y tienen la característica de permanecer secas sobre la planta hasta que al año siguiente. Cuando brotan las hojas nuevas, las secas comienzan a caer: esto es lo que se llama marcescencia. También le ocurre a otras especies como el rebollo o melojo (Quercus pyrenaica), a las hayas (Fagus sylvatica) y a los carpes (Carpinussp.).
Detalle de las hojas de quejigo
Las flores están agrupadas en ramillos colgantes de color amarillo saliendo en primavera, entre abril y mayo. Sus frutos son bellotas que suelen ser amargas, maduran y se diseminan entre septiembre y octubre.
Flores masculinas (izquierda). Bellota (derecha).Fotos del Banco de imágenes del CNICE
Es una especie endémica de la Península Ibérica y norte de África. Se diferencian dos subespecies: subespecie broteroi y la subespecie faginea que aparece sobre todo en la mitad oriental peninsular y se hace escasa hacia el oeste. El epíteto faginea se lo puso el autor de la especie, el francés Jean-Baptiste de Lamarck, pues sus hojas le recordaron a las del haya (Fagus sylvatica L.). El epíteto broteroi está dedicado al botánico portugués Félix de Avelar Brotero.
En el Parque Regional del Sureste encontramos la subespecie faginea aunque siendo muy escasa su presencia, los mejores quejigares se encuentran en el Pingarrón (San Martín de la Vega) y en Valdecorzas y la Dehesa del Carrascal (Arganda del Rey).
¿Qué usos ha tenido?
La madera del quejigo se ha usado para los mismos fines que la de la encina o el roble: combustible como leña o para carbón vegetal, para traviesas y vigas en la construcción, y sus bellotas como alimento del ganado.
Agallas del quejigo
¿Y qué son esas bolas que aparecen en algunos árboles? ¿Otro tipo de bellota? Son agallas. Se producen por la interacción entre la picadura de un insecto y el tejido vegetal de una planta. Esto hace que la planta tenga un crecimiento del tejido vegetal peculiar que da lugar a la agalla. Esta servirá de cobijo y alimento a la descendencia del insecto. Cada insecto produce una forma de agalla característica según su especie.
El Limonio de los yesos (Limonium dichotomum) es una planta herbácea endémica de Madrid y Castilla-La Mancha (Toledo, Ciudad Real y Cuenca), es decir, es una especie de planta que solo se puede encontrar en estos lugares y que se encuentra muy adaptada al medio en el que habita.
Es abundante en algunos municipios del Parque Regional del Sureste, en especial en Rivas-Vaciamadrid, San Martín de la Vega y Arganda del Rey; también en la Reserva Natural El Regajal-Mar de Ontígola (Aranjuez).
Limonium dichotomum en el Mar de Ontígola. Foto: Óscar Rioja
Esta especie de la familia Plantaginaceae no tiene ninguna protección porque, a pesar de tener una distribución restringida, no se encuentra en peligro. La mayor amenaza sería la pérdida de hábitat, pero en la actualidad, sus poblaciones son prósperas.
Descripción botánica
Limonium dichotomum es una planta herbácea perenne de 20 a 50 centímetros, glabra (lisa, sin vellosidades) o en parte cortamente pelosa y papilosa (solo en la mitad inferior). Presenta una roseta basal con hojas espatuladas (con forma de espátula). Tiene un escapo erecto (tallo herbáceo y sin hojas que surge de la parte baja de una planta y lleva las flores en su extremo) que puede llegar a alcanzar entre 80 y 90 centímetros.
Roseta basal de Limonium dichotomum. Fotos: Óscar Rioja
El epíteto dichotomum se tomó del griego y ha pasado a ser parte del lenguaje botánico: un tallo o ramilla dicótomo es el que se divide en dos ramas o ramillas más o menos iguales y con la misma desviación respecto al anterior, que a su vez se vuelven a dividir indefinidamente, como ocurre en esta especie. De hecho, es una de las características más llamativas del tallo, las divisiones en ángulo recto de unas ramillas frente a otras, dando la impresión de que los tallos se disponen en zig-zag.
Detalle de tallos en zig-zag del limonio. Fotos: Óscar Rioja
Florece a finales de verano. La flor del limonio es pequeña, de color azul violáceo y se agrupa formando vigorosas inflorescencias, muy numerosas y densas, con forma de espiguillas.
Detalle flor de Limonium dichotomum. Fotos: Óscar Rioja
Ecología
Necesita suelos básicos, ricos en sales. Se desarrolla mejor en terrenos con cierta humedad en buena parte del año, pero también se puede encontrar en áreas secas como son los cerros yesíferos, donde aparece en vaguadas o al borde de los caminos. A veces forma rodales en la proximidad de ciertas lagunas saladas en los cuales es la especie dominante (limoniales).
Limonium dichotomum. Foto: izq.: Óscar Rioja, dcha Olga León
Durante los meses más fríos, estas plantas se convierten en el hábitat perfecto para resguardar a numerosos invertebrados, que se acoplan entre sus hojas basales y las abundantes y enmarañadas raíces.
De esta planta depende en gran medida la subsistencia del Cryptocephalus bahillo, cuya larva se alimenta exclusivamente de esta planta. Se trata de un pequeño escarabajo del género de los criptocéfalos, dentro de la familia Chrysomelidae (Coleoptera), conocidos porque su cabeza queda oculta bajo el pronoto (parte del tórax), dando la apariencia de que la cabeza «desaparece» o está escondida.
Cryptocephalus bahillo.Fuente: Anuario de biodiversidad 2021. Comunidad de Madrid
Este vistoso coleóptero además es un endemismo de alto valor ecológico que solamente vive en el centro de España (Madrid, Toledo y Ciudad Real), presentando una distribución con poblaciones muy localizadas y escasas en el centro peninsular.
En el año 2003 el entomológo José Ignacio López Colón, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, descubrió la especie en la vecina localidad de Rivas-Vaciamadrid.
La resiliencia, según la RAE, se define como «capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos», es decir, la habilidad de amoldarse al cambio. ¿Y qué es el cambio climático sino uno de los mayores agentes perturbadores para los seres vivos?
Las mariposas son un excelente ejemplo de resiliencia frente al cambio climático. Su gran sensibilidad a las variaciones ambientales y su rápida capacidad de respuesta les permiten adaptarse y sobrevivir en un mundo marcado por transformaciones constantes.
La primera estrategia de resiliencia que han utilizado las mariposas es adelantar o retrasar su periodo de vuelo: artículos recientes han demostrado que las especies más exigentes son las que más han visto mermadas sus poblaciones. Sin embargo, las mariposas que adelantan o retrasan su aparición en función de la temperatura se sincronizan mejor con las plantas de las que dependen y, por tanto, sus poblaciones se ven menos afectadas.
Segunda estrategia: cambio en la coloración de las alas. Al igual que nosotros nos vestimos de diferentes colores en una época del año y en otra época, las mariposas siguen esa misma estrategia. En lugares donde las temperaturas son más altas, estos insectos están optando por coloraciones más claras para reflejar la luz del sol, evitando así el sobrecalentamiento. Por el contrario, en lugares donde las temperaturas son menores, destacan colores más oscuros para absorber más calor. Esta forma de termorregulación evolutiva les permite aumentar sus posibilidades de supervivencia.
Las alas de las mariposas no solo se ven afectadas por el cambio de coloración para afrontar esta época de cambios; también pueden cambiar la forma y el tamaño de sus alas. Para reducir la absorción de calor y tener maniobras más rápidas, en regiones más cálidas las mariposas «han decidido» reducir el tamaño de sus alas; pero esto tiene un riesgo, y es que también puede verse limitada su capacidad de dispersión, lo que fortalece la dependencia en hábitats muy localizados y vulnerables a la pérdida de recursos. Este patrón no es una verdad universal, ya que investigaciones más detalladas en especies de montaña revelan respuestas diferentes, como en el caso de Colias meadii, que mostró un aumento en el tamaño de sus alas y en la pigmentación a pesar del calentamiento, lo que indica que estas adaptaciones morfológicas también dependen de la ecología de cada especie.
Colias meadii. Fuente: iNaturalist Ecuador
Recientes estudios afirman que las mariposas se están moviendo a latitudes más altas donde anteriormente no podían estar por ser demasiado frías, pero, debido al cambio climático esas temperaturas son menos extremas y la presencia de mariposas en países del norte de Europa se ha visto incrementada. Es cierto que las especies de mariposas que han llevado a cabo esta estrategia son especies más generalistas, es decir, son menos «pitiminí» a la hora de elegir dónde vivir.
Aún queda mucho por entender en este tema, sobre todo una mejor comprensión de cómo interactúan el cambio climático con las transformaciones del territorio; además, los cambios en las poblaciones de mariposas pueden tener efectos en cascada en los ecosistemas, influyendo en la polinización, las cadenas tróficas y servicios esenciales como la producción de alimentos, la salud de los bosques y el bienestar humano.
Aunque todas estas estrategias son útiles para la resiliencia de las mariposas, cabe destacar que las respuestas no son uniformes. No todas las especies se adaptan, es decir, algunas no logran ajustar su fenología, otras no disponen de hábitats adecuados o refugios térmicos. Además, no siempre está claro si estas adaptaciones son evolutivas (heredables) o simplemente son una respuesta individual al ambiente.
En definitiva, las mariposas, a pesar de su aparente fragilidad, están demostrando una notable capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones ambientales mediante cambios morfológicos, fisiológicos y de comportamiento. Sin embargo, estas adaptaciones no garantizan su supervivencia futura. La conservación de sus hábitats y la mitigación del cambio climático siguen siendo aspectos clave para asegurar la permanencia de los lepidópteros.
Fuentes:
Buckley, L. B., Ehrenberger, J. C., & Angilletta Jr., M. J. (2015). Thermoregulatory traits follow a complex geographical pattern in alpine butterflies. Climate Change Responses, 2(1), 6. https://doi.org/10.1186/s40665-016-0028-x
Gutiérrez, D., Wilson, R. J., Gutiérrez, J., & Monserrat, V. J. (2013). Butterflies move to higher altitudes as temperatures rise. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110(37), 14773–14778. https://doi.org/10.1073/pnas.1308931110
Hasegawa, M., & Yahara, T. (2021). Thermal melanism in butterflies: Climate-driven changes in wing coloration patterns. Nature Communications, 12, 3451. https://doi.org/10.1038/s41467-021-23731-5
Kerr, J. T., et al. (2015). Climate change impacts on bumblebees and butterflies: Range contractions and poleward shifts. Science, 349, 177–180.
Kőrösi, Á., et al. (2023). Long-term phenological shifts in butterfly species from Transylvania. Insects, 16(10), 1071.
Mingarro, M., Cancela, J. P., Burón-Ugarte, A., García-Barros, E., Munguira, M. L., Romo, H., & Wilson, R. J. (2021). Butterfly communities track climatic variation over space but not time in the Iberian Peninsula. Insect Conservation and Diversity, 14(5), 647–660. https://doi.org/10.1111/icad.12498
Parmesan, C. (2006). Ecological and evolutionary responses to recent climate change. Annual Review of Ecology, Evolution, and Systematics, 37, 637–669.
Zeuss, D., Brunzel, S., & Brandl, R. (2014). Environmental drivers of assemblage patterns in European butterflies and dragonflies: The role of temperature and solar radiation. Nature Communications, 5, 4754. https://doi.org/10.1038/ncomms5874
¿Alguna vez has escuchado la frase «pequeño pero matón»? Este es el caso del pítano, y no nos referimos a que desplace a otras plantas o suelte sustancias nocivas. En este caso «pequeño pero matón» habla sobre la adaptación, equilibrio y resistencia de un pequeño arbusto mediterráneo que ha logrado mantenerse en entornos especiales.
La Vella pseudocytisus o pítano es una especie endémica, es decir, vive en una zona muy concreta del mundo. Localizada en dos áreas bien definidas: Aranjuez-Ontígola (Madrid-Toledo) y Orce (Granada). Se caracteriza por vivir en suelos yesíferos (calizos), que se caracterizan por su salinidad, poca retención de agua y escasa materia orgánica, y se desarrolla bien en suelos erosionados, con temporadas de sequías y altas temperaturas. Podríamos decir que le gusta el riesgo.
Poblaciones de Vella pseudocytisus. Fuente: MITECO
Lejos de parecer frágil, ha desarrollado estrategias para adaptarse a este entorno relativamente hostil: porte bajo, hojas pequeñas y una floración breve que tiñe de amarillo el paisaje durante la primavera. Además, tiene una curiosa forma de dispersar semillas, que se conoce como balista pasiva, algo así como una «catapulta de semillas»: la planta utiliza la tensión de sus propios tejidos para liberar las semillas de forma explosiva, sin necesidad de un agente externo. Un mecanismo sencillo, pero muy eficiente y que a lo mejor conocéis de otras plantas como el pepinillo del diablo (Ecballium elaterium).
Aunque no es una planta llamativa ni de gran tamaño, su importancia ecológica es considerable. Forma parte del equilibrio de los ecosistemas mediterráneos semiáridos, y actúa como refugio y fuente de alimento para diversas especies. De hecho, es la única planta nutricia de Clepsis laetitiae, una polilla también endémica de esta región. La presencia de ambas nos indica que aún existe cierto equilibrio ecológico en estos ecosistemas, es decir, son especies bioindicadoras. Es por ello que tenemos que vigilar su presencia, ya que si disminuye su población es sinónimo de que algo está pasando en ese ecosistema.
Foto: Clepsis laetitiae. Fuente: MITECO
Sin embargo, este equilibrio es frágil. El desarrollo urbanístico, legal o no, es una de las causas que merma sus poblaciones, a lo que se suman las repoblaciones con pino carrasco (Pinus halepensis) y la mecanización de los cultivos, que están reduciendo su hábitat y afectando a su variabilidad genética. Por ello, es fundamental seguir trabajando en la conservación de esta especie: proteger las poblaciones actuales, identificar áreas de distribución potencial, y llevar a cabo repoblaciones en zonas ecológicamente compatibles.
Actualmente, su conservación se está realizando a través de semillas en bancos de germoplasma, con las protección de su hábitat y con ensayos de reintroducción, ya que los estudios científicos datan su extinción en menos de 100 años. Es por ello que tenemos una misión, desmontar los estudios científicos y conseguir que el pítano siga formando parte de nuestro paisaje.
Debido a su diversidad de ecosistemas (por su orografía) y su posición geográfica estratégica entre el Atlántico y el Mediterráneo y entre África y Europa, la Península Ibérica alberga una gran biodiversidad que incluye subespecies e incluso especies que sólo existen en ella. Este es el caso del Meloncillo ibérico o Herpestes ichneumonssp. widdringtoni, la única especie de mangosta presente en el territorio español, siendo este territorio el único sitio en el que se encuentra este peculiar animal de forma natural en todo el continente europeo.
Dada su excepcionalidad en Europa existen diferentes teorías acerca de su origen en territorio español. Una teoría correspondía a la creencia de que fue introducida por fenicios, romanos o árabes (existiendo únicamente archivo del esqueleto de este animal en una tumba romana). Sin embargo, en la actualidad, debido a recientes estudios que demarcan una elevada diferenciación genética con sus congéneres africanos, se cree que su separación de la subespecie africana debía ser anterior, y por tanto se atribuye su llegada a la península por vía terrestre aprovechando alguna bajada del mar del estrecho de Gibraltar debida a las fluctuaciones de clima del final del Pleistoceno.
Además de genéticamente, también se diferencia de sus antecesores africanos fenotípicamente. La subespecie ibérica tiene la dentición y el cuerpo en general, de mayor tamaño y un color ligeramente más oscuro. Como se aprecia en las imágenes, el meloncillo es un animal alargado, con patas cortas y larga cola acabada con un característico penacho de pelo. Su pelaje tiene coloración agutí (a menos que sea un individuo albino), es decir, una mezcla de crema claro y pardo y castaño muy oscuro. Es un carnívoro diurno, y posee una característica pupila horizontal. Además, en época de crianza, las crías caminan en fila debajo de la cola del anterior (lo que les otorga una apariencia de serpiente gigante peluda).
Algunas de estas características han mantenido tradicionalmente a este animal ligado a innumerables supersticiones, lo que, junto con sus grandes dotes de rastreador (como la etimología de su nombre en griego –Ichneumon– indica), se le ha creído enemigo de la ganadería y le ha llevado a ser objetivo de caza.
Otra característica de este animal, al que hace referencia su nombre científico Herpestes (que proviene del vocablo griego {herpo}, que significa que se arrastra) es que desliza la cola por el suelo mientras camina. Además, su nombre común de meloncillo proviene del latín meles, haciendo referencia a su aspecto de tejón (meles en latín) pequeño.
Esperamos haberos acercado un poco más a la fauna del sureste madrileño para que podáis disfrutarla mejor en vuestras incursiones campestres por la zona y deleitaros avistándola.
El pasado 11 de mayo tuvimos la suerte de participar en el Mercado Nómada de Rivas. Una iniciativa que el Ayuntamiento de Rivas estrenó el pasado 30 de marzo, cuyo horario se desarrolla de 10:00 a 15:00h y que tendrá lugar una vez al mes, de manera itinerante, situándose en diferentes puntos del municipio, facilitando la cercanía a toda la población de productores y artesanos locales o de proximidad.
Carteles promocionales
La idea es promover el producto de proximidad, fresco y de temporada, así como la tradición, las materias primas de máxima calidad, y el trato directo con el productor y artesano para enfatizar la conexión entre ambos.
Esta iniciativa ofrece unos 40 puestos de alimentos locales de temporada, incluyendo frutas, verduras, quesos, panes, miel, embutidos, frutos secos, legumbres o encurtidos, entre otros. También artesanía local, como cerámica, textiles o cosmética elaborados a mano con materiales naturales.
Algunos puestos del Mercado Nómada de Rivas
El mercado incluye un área de animación familiar con música incluida, juegos libres y talleres, que es donde nos situamos para amenizar la mañana con el taller medioambiental de «Fauna Auxiliar».
Con esta actividad los participantes pudieron jugar a reconocer la fauna auxiliar que normalmente nos acompaña en nuestros huertos, y cuál es la que nos ayuda a hacer un control biológico de plagas mediante depredación, cuáles son los polinizadores y cuáles son los encargados de bajar el rendimiento de nuestras producciones debido a que se alimentan de nuestros cultivos.
También pudimos disfrutar de distintos modelos de hoteles de insectos y qué habitaciones prefiere cada inquilino. Y toda la familia pudo colorear la fauna que habita nuestros huertos y resolver nuestras sopas de letras. Esperamos que lo pasarais tan bien como nosotros.
Taller medioambiental de «Fauna auxiliar»
El Mercado Nómada de Rivas se despide por verano, pero vuelve después del mismo. Las siguientes citas son el 26 de octubre, 14 de diciembre y 21 de diciembre.