Resultados de la encuesta «Percepción del recinto exterior Centro El Campillo»

El pasado mes de enero, para comenzar el año nuevo con fuerzas, lanzamos una encuesta en formato digital a través de nuestras redes sociales y el club de amigos. El objetivo era conocer la opinión de nuestros visitantes sobre el estado de conservación del recinto exterior del CEA El Campillo y, a su vez, conocer las demandas y necesidades para llevarlas a cabo en un futuro.

Cartel difusión de la encuesta.

Disponible para ser contestado durante mes y medio, el cuestionario constaba de 12 preguntas de las cuales 8 eran de respuesta cerrada y 4 de respuesta abierta. En total fueron 133 campilleros y campilleras quienes participaron en el proceso, siendo la mayoría visitantes habituales (el 86,5% visita al menos una vez al año nuestro recinto) que vinieron por última vez en 2019 y 2020, viendo alterada su rutina por la pandemia.

Las valoraciones recibidas fueron en su gran mayoría positivas, tanto las relacionadas con el estado del recinto (conservación general, limpieza, caminos) como las relativas a la valoración de los elementos presentes (observatorio, cabaña, elefante). De hecho, en una escala sobre 5, en todos los casos más de un 70% de las respuestas fueron 4 o 5.

Entre los recursos que el visitante echa de menos se encuentran: mesas de picnic, más bancos, algún otro observatorio, cajas nido, paneles informativos (sobre las cabañas, especies de flora, etc.), papeleras, juegos interactivos para los niños, recursos en QR, baños, recursos sobre la prehistoria, una mejor señalización, biblioteca y audioguía. Aunque no era objeto de la encuesta, muchas de estas propuestas tenían que ver más con la senda que con el recinto.

A las ya mencionadas se suman otras como la limpieza de caminos, la rehabilitación de zonas deterioradas, folletos de rutas del Parque Regional del Sureste, carteles informativos, mejor señalización de las sendas y/o fuentes.

Agradecemos a todos los participantes por darnos su opinión. Las propuestas que no dependen de nosotras, las haremos llegar a las personas pertinentes, y las que sí, trabajaremos en desarrollar todas las posibles para construir el futuro campillero entre todos.

Por otro lado, informaros de que algunas de las propuestas o bien están en el interior del edificio (que permanece cerrado en la actualidad) o bien ya hemos empezado a realizarlas (instalación de cajas de nido, mejorar la señalización). Os iremos contando para que vengáis a ver las mejoras según las vayamos llevando a cabo.

Avutarda (Otis tarda)

Tal y como ya os contamos en una de las entradas en nuestro blog, en el Parque Regional del Sureste podemos, con un poquito de suerte, observar al ave voladora más pesada: la avutarda (Otis tarda). Un ave inconfundible, tanto por su gran tamaño (el macho, más grande que la hembra, puede llegar a pesar 20 kg), como por su plumaje con tonos pardos, rojizos y dorados que tanto el macho como la hembra poseen (siendo el plumaje de las hembras algo más apagado).

Avutarda común (Otis tarda). Fuente: seo.org

Su hábitat está ligado a las extensas llanuras cerealistas y grandes campos de labor, zonas desarboladas, llanas y dedicadas al cultivo de cereales de secano. Por eso en el Parque Regional del Sureste la podemos observar, por ejemplo, en las estepas cerealistas de Pinto.

Su alimentación depende de la estación del año en la que se encuentren. En primavera y verano consumen grandes cantidades de insectos (saltamontes, grillos…) acompañando la dieta de brotes y semillas. En otoño e invierno se alimentan generalmente de leguminosas y de manera puntual pueden comer algún pequeño vertebrado, tales como lagartijas o roedores.

La búsqueda de la pareja idónea para llevar a cabo la reproducción es un aspecto fundamental, es por ello que las aves llevan a cabo diferentes estrategias de reproducción.

En el caso de las avutardas, el sistema de reproducción se denomina «lek agregado», esto significa que los machos eligen un territorio idóneo para agruparse y estar disponibles y visibles para que las hembras seleccionen al macho idóneo y copular con él. Para ser seleccionados, los machos desarrollan unas plumas duras y tiesas que salen de su mandíbula inferior llamados «barbones» y emiten algunas vocalizaciones.

https://youtu.be/gxBMxVsyo8s

Una vez realizada la cópula, es la hembra la que se encarga de incubar y criar a los pollos, mientras los machos se despreocupan del cuidado de las crías. Para ello, preparan un sencillo y poco desarrollado nido en el que ponen hasta 3 huevos que estarán incubados durante 3 ó 4 semanas hasta que eclosionan naciendo unos pollos que son capaces de desplazarse junto a su madre en busca de alimento nada más nacer.

  • Panel de divulgación del C.E.A. El Campillo.
  • Panel de divulgación del C.E.A. El Campillo.

Además de estar incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, está catalogada como “Vulnerable” tanto en el Libro Rojo de las aves de España, como por la UICN. Esto es debido a su bajo éxito reproductor y a los efectos negativos derivados de las constantes molestias humanas: la colisión contra tendidos eléctricos, la caza furtiva de machos en primavera, los accidentes contra alambradas y la depredación a cargo de perros asilvestrados.

Sin embargo, su principal problema en la actualidad es la pérdida de hábitat como consecuencia de la intensificación agrícola, la simplificación del paisaje y la proliferación de infraestructuras y urbanizaciones, lo que provoca la desaparición de los lugares de reproducción, una disminución en la disponibilidad de alimento y una menor productividad.

Fuentes consultadas:

https://www.mncn.csic.es/es/comunicacion/blog/leks-de-avutarda-el-dificil-equilibrio-entre-atraer-hembras-y-protegerse-frente

Grandes migraciones en peces

Como todos sabemos los peces viven en el agua, pero este agua puede ser agua dulce o agua salada. Hay peces que viven siempre en agua dulce (potamódromos), otros que viven siempre en agua salada (oceanódromos),  pero hay un tercer grupo de peces que viven en los dos tipos de aguas (diádromos).

Dentro de estos últimos tenemos al salmón keta (Oncorhynchus keta) que, tras pasar sus primeros años en el mar, remonta el río Yukón viajando hasta 3.200 km desde su estuario en Alaska y Canadá para desovar en el río en el que nacieron. A las especies que tienen este comportamiento se las conoce como anádromas. Esta migración anual tiene lugar en otoño, produciéndose la freza entre noviembre y enero, muriendo los individuos después. De los huevos fecundados, que se desarrollan en el lecho del río protegidos durante el invierno y que eclosionan en primavera, nacen los juveniles que viven en el río hasta el año siguiente, antes de viajar para vivir en el mar. 

Oso pardo americano con salmón en la boca. Fuente: Pixabay.

Al contrario que el salmón keta, la anguila europea (Anguilla anguilla) pasa gran parte de su vida en aguas dulces pero regresa al mar para reproducirse. A las especies que tienen este comportamiento se las conoce como catádromas. Este viaje lleva a la anguila europea a recorrer 8.000 km desde los ríos europeos donde vive, hasta el mar de los Sargazos (cerca de las islas Bahamas) donde se reproduce entre diciembre y febrero. Tras eclosionar los huevos, las larvas, las preciadas angulas, de 1 cm de tamaño, van creciendo mientras aprovechan las corrientes oceánicas para llegar a los ríos donde vivirán. Entre ida y vuelta hace un viaje de 16.000 km.

Rutas realizadas por la anguila americana (naranja) y anguila europea (en azul) desde y hacia el Mar de los Sargazos a los ríos donde viven. Fuente: El Periódico.

Y por último, entre las especies que viven entre agua dulce y salada, estaría la tilapia, cuya migración entre agua dulce a salada, o viceversa, se realiza sin ánimo de frezar sino por razones de alimentación o para hibernar. A las especies que tienen este comportamiento se las conoce como anfídromas

Corrientes oceánicas presentes en el Planeta que no solo regulan el clima, sino que usan muchos animales durante sus migraciones. Fuente: Michael Pidwirny (http://www.physicalgeography.net)

En el fondo de los océanos existen grandes corrientes producidas por cambios de temperatura y salinidad que muchas especies de peces aprovechan en sus movimientos migratorios.

La tintorera o tiburón azul (Prionace glauca) es una de ellas y aprovecha varias de esas corrientes para realizar una migración en el sentido de las agujas del reloj en el Atlántico Norte. A través de la corriente denominada Giro del Atlántico Norte, asciende a las costas de Norteamérica y llega hasta las costas europeas de dicho océano. A continuación, la Corriente de las Canarias la transporta hasta aguas del norte de África y de ahí la Corriente Ecuatorial Norte las lleva de vuelta a la costa norte de Sudamérica y el Caribe. La mayor distancia recorrida registrada por un individuo de esta especie es de 6.840 km desde Irlanda hasta Venezuela. La mayoría de los individuos trasatlánticos son hembras que se aparean en el oeste del atlántico norte y paren en aguas atlánticas frente a la Península Ibérica e incluso en el Mediterráneo.

Ejemplar de Prionace glauca. Fuente: Mark Conlin. http://swfsc.noaa.gov/ImageGallery/Default.aspx?moid=529

Estos son solo unos ejemplos de las grandes migraciones que existen en peces. Si quieres saber más, busca las migraciones que realizan especies como el tiburón toro (que migra de agua dulce a agua salada), el atún rojo (que cambia las aguas del Atlántico Norte por las del Mediterráneo atravesando el Estrecho de Gibraltar) o la lamprea (que al igual que el salmón, va a desovar a los ríos).

Fuentes:

www.muyinteresante.es

Libro «Vida animal». Editorial Pearson Alhambra. 2009.

www.elperiódico.com

Rata de agua (Arvicola sapidus)

Uno de los mamíferos más desconocidos y esquivos de la Península Ibérica, y por ende del Parque Regional del Sureste, seguramente sea la rata de agua. Una mal llamada «rata» ya que, aún siendo roedor como ratas y ratones, en realidad está más emparentada con los topillos.

Diapositiva1

Rata de agua nadando entre el carrizo y la enea de nuestra laguna.

Presente en Francia, España y Portugal, este rechoncho animal diurno de cabeza redonda, orejas poco desarrolladas y color marrón o gris, tiene un cuerpo de entre 16 y 23 cm y una cola de hasta 15 cm. De hábitos anfibios, vive entre la vegetación de las riberas de los ríos, arroyos  y humedales en zonas con agua en buen estado y llega a pesar entre 150 y 300 gramos.

Diapositiva2

Siempre esquiva y difícil de ver entre la vegetación palustre.

Su alimentación es principalmente herbívora a base de raíces, brotes tiernos y hojas de plantas acuáticas, aunque puede llegar a comer pequeños animales como crustáceos, larvas o insectos en alguna ocasión. Construye galerías bajo tierra, a poca profundidad, a las que accede por entradas tanto en superficie como bajo el agua y en donde construye un pequeño nido con hierba seca para criar a su descendencia (normalmente 2 camadas al año de 3 ó 4 ejemplares).

Diapositiva3

Ejemplar fotografiado con nuestra cámara trampa en los alrededores de nuestro centro.

Sus principales amenazas son la destrucción y la contaminación de su hábitat. Es presa de depredadores tales como la lechuza, la nutria o el visón y en su día, el hombre también la cazaba y comía formando parte de platos tan tradicionales como por ejemplo la paella (en la Albufera se la conoce como rata de marjal y vive en los arrozales) . Es muy difícil de observar pero, si vienes cargado de paciencia y con algo de fortuna, puedes descubrirla desde el observatorio situado dentro de nuestro recinto. Ven a buscarla y… ¡mucha suerte!

Bibliografía

«Guía de la naturaleza en el Parque Regional del Sureste» Editorial Naumanni. 2005.

http://www.sierradebaza.org

http://www.faunaiberica.org

http://www.sierradebaza.org/Fichas_fauna/05_09_rata-agua/rata-agua.htm

Flores de invierno

Aunque desde siempre nos han enseñado que la primavera es la estación de las flores (y no deja de ser verdad), si nos fijamos bien, durante el invierno también podemos ver algunas. Pero… ¿qué plantas producen sus flores en esta estación del año? La respuesta es bien fácil: los árboles que forman el bosque de ribera (al menos en el entorno de la laguna de El Campillo). Puede que no sean flores muy llamativas ya que son de pequeño tamaño y casi ni parecen una flor, pero sí que son abundantes. Los árboles de los que hablamos son el álamo blanco (Populus alba), álamo negro (Populus nigra), sauce (Salix alba), fresno (Fraxinus angustifolia) y olmo (Ulmus minor). Vamos a ver las flores de cada uno de ellos.

Amentos de chopo en el suelo del camino al C.E.A El Campillo.

En el caso de los álamos (también llamados chopos) y el sauce, las flores tienen muchas cosas en común. En las tres especies las flores crecen en racimos colgantes llamados amentos y tienen por un lado árboles con flores masculinas y por el otro árboles con flores femeninas ya que son especies dioicas. Los amentos de flores femeninas, que comienzan a aparecer unos días después de las masculinas, son muy fáciles de identificar debido a la presencia de un pistilo de color verde que ocupa prácticamente toda la flor (como unas «bolas verdes»).

Por su parte, para distinguir los amentos masculinos hay que buscar «unos gusanos» de colores colgando de los árboles. Para distinguir las flores masculinas entre las especies hay que fijarse en el color y en el tamaño de los amentos. Los amentos del álamo blanco son robustos, anchos y con flores de color rosáceo rojizo cuando acaban de abrirse, y más amarillas cuando van perdiendo partes de la flor. Por su parte, los del álamo negro son más finos y alargados y de color más rojizo. Por último, los del sauce presentan flores amarillas. De estas tres especies; los primeros que empiezan a florecer son los álamos blancos macho, seguidos de las hembras de esta misma especie.

Las flores del fresno y del olmo también son minúsculas y crecen en inflorescencias pero en este caso formando glomérulos. Además, al ser especies monoicas, todos estos árboles presentan flores hermafroditas, es decir, que contienen estambres y pistilos. Las flores de los fresnos carecen de sépalos y pétalos y se disponen formando ramilletes opuestos. Por su parte, las flores del olmo forman glomérulos globosos alternos de color verdoso o pardo-rojizo con un número variable de sépalos. Los fresnos junto a olmos y álamos blancos machos son los primeros que florecen empezando a finales de enero o principios de febrero.

Otras de las flores que pueden verse en nuestro camino en esta época del año, son las flores de los almendros, hermafroditas y monoicas, de un tamaño de unos 3-5 centímetros y con 5 pétalos de color entre blanco y rosáceo, crecen de manera solitaria o agrupadas hasta de 4 en 4.

Si es la primera vez que intentas identificar a los árboles por su flores seguro que no te resulta fácil. Pero no ceses en tu empeño…¡tómatelo como un juego! Aquí te dejamos una pequeña guía de identificación.

flores.de.invierno
Ilustraciones de los diferentes amentos e inflorescencias del álamo blanco, álamo negro, sauce blanco, fresno y olmo. Fuente: Guía de flora del Parque Regional del Sureste.

Todo es cuestión de práctica y el camino que lleva a nuestro centro es la mejor clase para aprender a diferenciarlas ya que, en un kilómetro de distancia puedes verlas todas. ¡Anímate a venir a descubrirlas! Y si tienes dudas… ¡pregúntanos!

Gallineta común (Gallinula chloropus)

Hoy hablamos de un ave un poco más tímida que la focha y que podemos encontrar fácilmente durante todo el año por las orillas de las lagunas del Parque Regional del Sureste, aunque se ve más en invierno, cuando se alimenta en zonas abiertas, picoteando en las orillas como una gallina.

La gallineta común (Gallinula chloropus), también conocida como polla de agua, es uno de los rálidos más abundantes y extendidos de Europa. Al igual que sucede en la Península Ibérica, en la Comunidad de Madrid tiene una distribución muy amplia, siempre que haya agua la podemos encontrar en lagunas, graveras, embalses, ríos e incluso en estanques.

Gallineta común (Gallinula chloropus)

Es un ave mayoritariamente sedentaria. En invierno ocupa hábitats similares a los ocupados durante la época de cría, existen además ejemplares procedentes del centro y norte de Europa que utilizan nuestros humedales como zona de paso e invernada. No son grandes voladoras, aún así tienen mucha capacidad de colonización y una facilidad especial para adaptarse a los ambientes transformados por el ser humano.

Tienen preferencia por las graveras, donde utilizan lugares poco profundos o encharcados con zonas de abundante vegetación palustre como el carrizo y la enea o espadaña que constituyen un medio muy cerrado perfecto para utilizarlo como refugio. En los ríos es frecuente encontrarla entre la vegetación de sus orillas y en las islas formadas en su cauce.

Gallineta nadando en la laguna de El Campillo.

En su alimentación omnívora, prefiere el alimento vegetal, por ejemplo la inflorescencia del carrizo es una parte importante en su dieta invernal, a veces incluyen algún pequeño vertebrado, carroña e incluso, puede ingerir ciertas cantidades de basura.

Tonos parduzcos de las alas y plumas blancas en la cola y costados.

Como comentamos al principio, su aspecto nos recuerda al de una gallina. Pero en este caso, el adulto es negro grisáceo de alas parduzcas con el pico rojo de punta amarilla y placa frontal roja en la cabeza. Tiene algunas plumas blancas cerca de la cola y en los costados. Mantiene la cola alta y la sacude al andar y al nadar. Las patas son verdosas y en ocasiones se aprecia una franja roja. Tiene los dedos de las patas muy largos para caminar sobre el barro húmedo o la vegetación flotante. A pesar de que éstos no tienen lóbulos entre ellos, son buenas nadadoras.

En las gallinetas jóvenes, al contrario que los adultos, dominan los tonos marrones con tintes verdosos; además, carecen de escudete frontal. Los pollos tienen espolones en las alas para ayudarse a subir al nido o agarrase a la vegetación.

Familia de gallinetas en el nido construido entre la vegetación palustre.

Aunque en principio no sufren grandes amenazas, pueden tener problemas como consecuencia de la pérdida de humedales o la depredación por parte de especies introducidas.

Fuentes:

  • Guía de fauna del Parque Regional del Sureste. Red de Centros de Educación Ambiental de la Comunidad de Madrid.
  • Atlas de las Aves Invernantes de Madrid 1999 -2001. SEO-Monticola y Comunidad de Madrid.
  • Guía de las aves de España SEO/BirdLife: https://www.seo.org/ave/gallineta-comun/

Parque Rural de Anaga, Tenerife

Existen en España zonas protegidas donde coexisten la importancia ecológica y la belleza paisajística, con los usos y actividades tradicionales que se desarrollan en ellas (agricultura, ganadería y pesca): los Parques Rurales. Entre ellos está el Parque Rural de Anaga, situado en el noreste de la Isla de Tenerife, Canarias.

Folleto_general_del_Parque_Rural_de_Anaga_page-0001

Mapa del Parque Rural de Anaga. Fuente: folleto oficial del parque.

Con una superficie de 14.418,7 ha, se extiende desde la zona costera hasta una altitud de 1.020 m y se caracteriza por un paisaje montañoso con profundos barrancos. Además de la categoría de protección de Parque Rural, también ha sido declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y cuenta a su vez, en su superficie, con tres reservas naturales integrales (El Pijaral, Ijuana y Los Roques de Anaga) y una Reserva de la Biosfera.

Parque Rural de Anaga (11)

Vistas del municipio de San Cristóbal de la Laguna y el Teide desde el mirador de Jardina en el Parque Rural de Anaga.

Los materiales del Macizo de Anaga datan de unos 6 millones de años y tienen un origen volcánico, como la mayoría de la isla. A parte de los acantilados y los barrancos, destacan otras formaciones geológicas como los roques, antiguas chimeneas volcánicas; o los diques o “muros”, que son fisuras rellenas de magma solidificado.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Este espacio protegido se caracteriza por contar con el mayor número de especies endémicas por km2 de toda Europa. Gracias a la antigüedad geológica, las diferencias en la altitud, el clima y el tipo de suelo, el parque de Anaga presenta una alta biodiversidad, estando representados la mayoría de los ecosistemas que hay en Tenerife.

Parque Rural de Anaga (7)

Vistas de la zona costera del Parque Rural de Anaga.

La vegetación es muy variada dependiendo de la zona del parque en la que te encuentres, esto se debe al transporte de semillas por viento, corrientes marinas, pájaros y a las diferentes condiciones climáticas hacen que estas semillas se asienten y crezcan en las zonas que les son más favorables. Por ejemplo en las zonas altas del parque podrás encontrar grandes bosques de laurisilva, relictos de hace 40 millones de años. También destacan las vegetaciones típicamente costeras, las zonas de cardonal – tabaibal (típica de las zonas bajas con abundancia de plantas suculentas), los dragos (Dracaena draco) y las palmeras Canarias (Phoenix canariensis).

Parque Rural de Anaga (1)

Opuntia ficus-indica (chumbera) entre el bosque de laurisilva.

En cuanto a la fauna, destacan los invertebrados asociados a la laurisilva como el escarabajo fausto (Carubus faustus) o la cleopatra canaria o «limonera» (Gonepteryx cleobule cleobule) y aves como la paloma turqué (Columba boli) o la paloma rabiche (Columba junionae), especies consideradas fósiles vivientes de la Era Terciaria, y en las zonas costeras la pardela cenicienta (Calonectris diomedea) y la gaviota patiamarilla (Larus michahellis).

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Si alguna vez visitas este paraje natural no olvides pasar antes por el Centro de Visitantes de la Cruz del Carmen, donde podrás encontrar información sobre las rutas para visitar Anaga y conocer mejor los recursos del parque, la flora, la fauna y las poblaciones rurales que habitan en él y que se dedican principalmente a cultivo de productos típicos como la batata, las papas, los ñames y las viñas de donde se obtienen los vinos típicos de la zona.

Fuentes:

Adaptaciones al frío en animales vertebrados II

Como ya contamos en una antigua entrada del blog, los animales están diseñados y presentan adaptaciones para combatir el frío. Sin embargo, hay casos en los que sus cuerpos no están adaptados para aclimatarse al frío, pero sí lo están para huir de él.

Uno de los mecanismos de huida es la migración. Gracias a estos desplazamientos de miles de kilómetros los animales viajan a lugares con condiciones climáticas más benévolas donde tendrán más posibilidades de sobrevivir (a pesar del gran esfuerzo físico que estos conllevan).

Grupo de grullas en migración sobrevolando los cielos de la laguna de El Campillo.

Otra manera de huir del frío pero sin salir de la zona vital del individuo es esconderse de él. La forma más conocida es la hibernación, un proceso voluntario mediante el cual un animal homeotermo reduce temperatura corporal, ritmo metabólico, tasa respiratoria y metabolismo hasta mínimos vitales.

Otros mecanismos similares a la hibernación son el letargo invernal (también en animales homeotermos) y la brumación (en animales poiquilotermos) de los que ya hablaremos en el futuro.

Los anfibios y reptiles bruman durante la época de bajas temperaturas.

La llegada de las bajas temperaturas en algún caso trae consigo otro tipo de cambio en los animales. Uno de los más conocidos es el engorde. Se trata de comer todo lo posible aprovechando alimentos de temporada y con gran contenido en grasas (por ejemplo frutos secos en los bosques como hacen los osos, o bancos de peces en los océanos como hacen algunos cetáceos) y así crear una buena capa de grasa alrededor del cuerpo con una doble función. Por un lado, esa capa de grasa sirve de protección frente al frío y, por el otro, sirve de reserva energética para los meses más desfavorables.

Junto al incremento de esta capa de grasa, se puede producir también un cambio en el pelaje o plumaje de los animales haciéndose estos mucho más densos y abundantes que en épocas cálidas. Este cambio de pelaje provoca la pérdida y caída del pelo o plumas de verano y, en algún caso, va asociado también a un cambio de color pasando de tonos marrones a tonos blancos para camuflarse mejor en un entorno nevado. Esto le ocurre a especies como el zorro ártico, el armiño o el lagópodo alpino entre otros.

Cambios en el plumaje del lagópodo alpino a través de las estaciones. Fuente: SEO.

Pero sin lugar a dudas, uno de los casos más extremos que podemos encontrar para la lucha contra el frío sería, podríamos decir, dejarse vencer por él.

Es el caso de la rana de la madera de Alaska que se congela al llegar el otoño y pasa el invierno congelada deteniendo su respiración y su circulación sanguínea, para evitar la muerte de sus células debido a la congelación. Las ranas sintetizan grandes cantidades de glucosa (un tipo de azúcar) reduciendo el daño celular.

Fuentes:

Martín pescador común (Alcedo atthis)

Nuestro protagonista de hoy se caracteriza porque, a pesar de su pequeño tamaño, es uno de los más vistosos y llamativos de entre toda la avifauna que podemos contemplar en el Parque Regional del Sureste.

El martín pescador (Alcedo atthis) mide tan solo 17 centímetros, en proporción con su cuerpo compacto tiene la cabeza grande, el pico es negro y largo y las alas anchas, mientras que las patas y la cola son cortas. Su plumaje es rojo anaranjado por debajo (región ventral) y de un azul brillante y metalizado por la parte dorsal, a veces torna a tonos verdosos. También tiene una mancha blanca en la garganta y en los laterales del cuello.

La diferencia entre machos y hembras es muy sutil, tenemos que fijarnos en la tonalidad de la parte inferior del pico, que es negra en el macho y anaranjada en la hembra. Igual pasa con los jóvenes, solo se diferencian de un adulto porque su coloración es más turquesa y porque, mientras que los adultos tienen las patas de un rojizo intenso, las de estos son más oscuras.

Martín pescador observado a través del telescopio.

Su distribución es muy amplia por toda Europa, norte de África y Asia central y meridional. A nivel peninsular está bastante repartido y en la Comunidad de Madrid se encuentra de forma irregular, con preferencia por altitudes medias. Normalmente ocupa tramos de ríos y lagunas con aguas claras y no demasiado rápidas, en orillas provistas de taludes y una vegetación palustre más o menos densa. Aunque podemos encontrarlos durante todo el año, se muestran más activos en primavera. Son bastante esquivos pero fáciles de reconocer como un destello azul turquesa que se precipita en el río o la laguna, mientras emite un agudo y penetrante «chii».

Martín pescador visto desde el mirador de la exposición del CEA El Campillo.

Su nombre nos da una pista sobre el componente fundamental de su dieta, los peces, aunque también se alimenta de renacuajos, pequeños crustáceos e insectos acuáticos. Para pescar se posa sobre ramas en zonas donde el agua está mansa, y gracias a su precisa visión localiza a su presa y con ayuda de la fuerza muscular de sus alas se lanza al agua de cabeza y a gran velocidad. Su pico en forma de cuña le permite penetrar en el agua sin salpicaduras. Luego vuelve a su posadero e ingiere a la presa, primero la cabeza, con las espinas y las escamas a favor para evitar hacerse daño.

Martín pescador pescando a cámara lenta.

Excava su nido principalmente en taludes de ríos, primero hacen una galería de acceso para llegar a una cámara interior donde ponen entre 4 y 8 huevos, que tras aproximadamente tres semanas eclosionan. A veces ponen dos nidadas en un temporada y, raramente, hasta tres.

Martín pescador posado entre la vegetación de la laguna de El Campillo.

El martín pescador está catalogado como especie «De interés especial» en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y aparece en el Libro Rojo de las aves de España como “Casi amenazado”. Se ve afectado negativamente por la pérdida de su hábitat ocasionada por las actividades humanas y la contaminación.

Os dejamos un programa de El hombre y la Tierra dedicado a esta espectacular ave:

https://www.rtve.es/alacarta/videos/el-hombre-y-la-tierra/hombre-tierra-fauna-iberica-martin-pescador/3298478/

Fuentes:

2020 en El Campillo

Si algo marcó todos los aspectos de nuestra vida durante el 2020 fue el coronavirus, ya que desde mediados de marzo, con la llegada del confinamiento, tuvimos que quedarnos en casa y adaptarnos a la nueva situación. Sin embargo, los primeros meses del año pudimos vivirlos con normalidad y, tras unas semanas de reformas, pudimos inaugurar nuestra «Huerta Calamón» con una jornada de puertas abiertas.

Disfrutando de las jornadas.

Más tarde, durante los meses de confinamiento (marzo a mayo), nosotras también nos quedamos en casa y reconvertimos nuestro trabajo completamente al mundo virtual para poder llegar a todos los hogares. A lo largo de esas semanas, junto con el resto de centros de educación ambiental de la Comunidad de Madrid, propusimos multitud de actividades dentro del programa «Los CEAs en tu casa» y publicamos decálogos de buenas prácticas en el hogar. Entre otras actividades realizamos talleres de reutilización, mini talleres de rastros de animales y talleres de huerta en casa.

En junio, con la llegada del desconfinamiento, pudimos reabrir al público (aunque solo abrimos el recinto exterior). Para adaptarnos a la «nueva normalidad» señalizamos un recorrido unidireccional para evitar el cruce entre visitantes, restringimos el aforo e hicimos obligatoria la reserva previa y el seguimiento de unas normas básicas de prevención (distancia de 2 metros, mascarilla, …). La reapertura fue todo un éxito ya que en los fines de semana de ese mes vinieron a visitarnos 1300 personas.

Visitantes avistando aves desde el observatorio.

Ese mismo mes, retomamos muy poco a poco el desarrollo de actividades y comenzamos a realizar algunos talleres de huerto. En julio, ampliamos los talleres y comenzamos con las sendas guiadas (siempre cumpliendo las normas básicas de prevención y con los aforos permitidos en cada momento). En septiembre, pudimos realizar la inauguración, que inicialmente estaba programada para el mes de marzo pero que tuvimos que retrasar obligatoriamente por el confinamiento, de nuestra exposición fotográfica «El Campillo a través de las estaciones», con las fotografías realizadas a través del proyecto que lanzamos en 2019 con el mismo nombre. En primer lugar lo hicimos con los fotógrafos participantes y, a lo largo de los meses siguientes, realizamos visitas guiadas al centro en grupos reducidos para poder verla.

A pesar de todo, tenemos la suerte de dar las gracias a las 12082 personas que visitaron nuestras instalaciones a lo largo de 2020 y a las 793 que participaron en nuestras actividades. Aunque hemos tenido muchos más visitantes que en años anteriores, hemos tenido muchos menos participantes en las actividades. Ha sido debido a los aforos establecidos para las actividades que tras el confinamiento han sido de 6 o 10 personas. Por ese motivo las listas de espera para las actividades han incrementando hasta sumar 456 personas.

El dato que también tenemos que tener en cuenta este año es el alcance de las actividades propuestas a través de nuestras redes sociales durante el confinamiento. En total, y solamente teniendo en cuenta Facebook y Twitter, esas actividades tuvieron un alcance de 61.762 personas (37.555 en Facebook y 24.207 en Twitter).

Este 2020 para nosotros también ha sido un año de renovación. No solo hemos remodelado completamente nuestro huerto sino que también hemos restaurado los elefantes, adaptado el observatorio a todas las movilidades, construido una nueva cabaña y restaurado la que ya teníamos. Además, hemos realizado podas de mantenimiento en todo el recinto para evitar accidentes por las caídas de ramas secas.

También aprovechamos la ocasión para agradecer el trabajo y colaboración de los productores que un año más nos han abierto sus puertas para dar a conocer otro de los valores del Parque Regional del Sureste: sus productos. Hablamos de Ramón, Raúl y Alfonso de la Bodega Viña Bayona; de Jacob e Isabel de Cervezas Villa de Madrid; de Cipri y Cristina de Vinos y Aceites de Arganda: de Sole, Luis y Jesús de Fructum, y a los productores del mercado agroecológico de Rivas Vaciamadrid en especial a Ecodebio.

Por otro lado, queremos mencionar a la Asociación IAIA gracias a la cuál pudimos tener la exposición «Tejiendo mares de solidaridad» durante los primeros meses del año; a los fotógrafos que participaron en el proyecto «El Campillo a través de la estaciones» y, por supuesto, al personal de la oficina técnica del Parque Regional del Sureste porque nuestro trabajo no sería completo sin su ayuda y colaboración.

Esperamos que poco a poco el 2021 nos traiga esa vieja normalidad que tanto echamos de menos y podamos volver a abrir las puertas del interior de nuestro centro, realizar actividades con mayores aforos y desarrollar todas las sorpresas que tenemos preparadas para el año que entra.