Adaptaciones de la flora mediterránea a los incendios forestales

El fuego actúa como agente de cambio en los ecosistemas mediterráneos. Tras un incendio, los nutrientes acumulados en la biomasa se liberan al suelo, favoreciendo la germinación y el crecimiento de nuevos individuos. Además, se reduce la competencia por recursos como la luz, el agua y los nutrientes. En condiciones de equilibrio, permite que la biodiversidad se mantenga y evita la dominancia de unas pocas especies. El problema reside en la actual frecuencia e intensidad de los incendios, haciendo que el sistema pueda degradarse y perder su capacidad de recuperación.

Las plantas mediterráneas, además de estar adaptadas al clima, han desarrollado mecanismos específicos que les permiten sobrevivir o incluso aprovechar los incendios. Estos mecanismos son:

  1. Resistencia al fuego: corteza gruesa, yemas protegidas, tejidos con alto contenido en agua o recubrimientos cerosos.
  2. Estrategias reproductivas: semillas resistentes al calor y germinación estimulada por el fuego o por el humo.
  3. Capacidad de rebrote: regeneración desde las raíces y cepas tras quemarse la parte aérea.

Las plantas que resisten al fuego pueden clasificarse de dos maneras diferentes: una en función de su relación con el fuego y otra según su respuesta tras el incendio.

Según su relación con el fuego puede haber :

  • Plantas pirófitas: que tienen una ventaja competitiva sobre aquellas que mueren con el fuego porque lo resisten mejor.
  • Plantas pirófilas: que dependen completamente del fuego, especialmente para completar su ciclo de vida

Entre las pirófilas activas se encuentran las jaras, como Cistus ladanifer, cuyas semillas requieren altas temperaturas para germinar. Su resina altamente inflamable incluso contribuye a propagar el fuego, asegurando así un entorno favorable para la germinación de la siguiente generación. Es importante señalar que esto no significa que las jaras no puedan germinar sin incendios; simplemente, en ausencia de fuego, su germinación ocurre de forma mucho más lenta.

En función de su método de resistencia pasiva como respuesta tras el incendio pueden ser:

  • Plantas rebrotadoras: que son capaces de sobrevivir al incendio regenerando su parte aérea a partir de estructuras subterráneas o protegidas, como raíces y cepas.
  • Plantas germinadoras: que se caracterizan porque el individuo muere con el incendio, pero sus semillas sobreviven y germinan posteriormente.

Las rebrotadoras pueden mantenerse en el territorio incluso cuando la parte visible de la planta ha sido destruida por el fuego. Un ejemplo es la encina, cuya gruesa corteza actúa como aislante térmico, protegiendo los tejidos internos y facilitando el rebrote tras el incendio. Algunas especies, además, combinan esta capacidad con la producción de semillas adaptadas al fuego, lo que les proporciona una doble estrategia de supervivencia: por un lado, recuperan rápidamente su estructura y, por otro, garantizan la regeneración de nuevos individuos mediante la germinación de semillas estimuladas por el calor.

Efecto de un incendio en un árbol con corteza gruesa. Fuente: https://cambiumestudio.com/el-blog-de-cambium/un-incendio-en-pontevedra/

Por su parte, las plantas germinadoras utilizan estrategias como la serotinia: las semillas se mantienen retenidas durante un largo tiempo y solo se liberan cuando el calor del fuego las estimula. Esto permite que las nuevas plántulas se desarrollen en un entorno con un suelo rico en nutrientes y escasa competencia por la luz o el espacio.

Un ejemplo de esta estrategia es el Pino carrasco, muy común en zonas como la Dehesa del Carrascal, cuyas semillas, que se acumulan en el tercio superior de la copa del árbol, germinan tras los incendios aprovechando las condiciones que deja el fuego. No obstante, la serotinia no es la única estrategia de las germinadoras: existen pinos cuyas semillas, aunque no se liberan por el calor, poseen piñones extremadamente duros que les permiten resistir a las altas temperaturas y sobrevivir a los incendios.

Además de las diferencias en la forma de regenerarse, tanto las rebrotadoras como las germinadoras presentan adaptaciones estructurales que les permiten sobrevivir al calor extremo. Muchas especies poseen cortezas gruesas que aíslan los tejidos internos, yemas latentes protegidas bajo tierra, o recubrimientos cerosos que retrasan la combustión. Algunas incluso tienen un alto contenido de agua en sus tejidos, lo que les proporciona un efecto refrescante al calor.

Las plantas mediterráneas muestran una evolución íntimamente ligada al fuego, con estrategias que van desde la resistencia pasiva (rebrotadoras) hasta la dependencia activa del fuego (pirófilas como las jaras). Comprender estas adaptaciones es fundamental para la gestión forestal, la conservación de la biodiversidad y la restauración de ecosistemas tras incendios, especialmente en un contexto de cambio climático y aumento de la frecuencia e intensidad de los IIFF.

En conjunto, estas estrategias muestran cómo las plantas mediterráneas han evolucionado no solo para resistir, sino también para aprovechar los incendios como un mecanismo natural de renovación. Sin embargo, la supervivencia y el éxito de estas especies dependen de que los intervalos entre incendios sean suficientes para que los individuos alcancen la madurez y que los bancos de semillas no se agoten. Cuando los incendios son demasiado frecuentes o intensos, incluso las plantas mejor adaptadas pueden ver comprometida su capacidad de regeneración, poniendo en riesgo la estabilidad del ecosistema.

Fuentes:

http://iesramosdelmanzano.centros.educa.jcyl.es/sitio/upload/TIPOS_DE_CLIMA_EN_ESPANIA.pdf

https://digital.csic.es/bitstream/10261/102345/1/Ecologia_del_fuego_Pausas.pdf

https://www.rtve.es/noticias/20250815/plantas-pirofilas-especies-clima-mediterraneo-acostumbradas-fuego-reforestacion/16697264.shtml

https://ecologiaverde.elperiodico.com/plantas-pirofilas-que-son-tipos-como-sobreviven-al-fuego-y-ejemplos-6526.html

https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/biodiversidad/temas/incendios-forestales/incendios-decenio-2006-2015_tcm30-521617.pdf

https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/biodiversidad/temas/incendios-forestales/incendios-decenio-2006-2015_tcm30-521617.pdf

https://cambiumestudio.com/el-blog-de-cambium/un-incendio-en-pontevedra/

La coscoja (𝙌𝙪𝙚𝙧𝙘𝙪𝙨 𝙘𝙤𝙘𝙘𝙞𝙛𝙚𝙧𝙖)

Como hemos comentado en otras entradas del blog, en el Parque Regional del Sureste hay un total de cinco ecosistemas representados: humedal, bosque de ribera, cortados yesíferos, estepa cerealista y bosque mediterráneo. Hoy queremos hablaros de la coscoja, uno de los principales representantes de la flora del bosque mediterráneo.

Coscoja (Quercus coccifera)

Descripción botánica

La coscoja (Quercus coccifera), también conocida como carrasquilla, chaparro o maraña, es una especie arbustiva de hasta 2 metros de altura aproximadamente, que rara vez alcanza porte arbóreo. La corteza es lisa y tiene color gris cenicienta. Presenta hojas simples y alternas, persistentes, muy rígidas y con forma ovalada. Es fácil diferenciarla de la encina (Quercus ilex) por las hojas que presentan tonos verdes muy vivos y brillantes, y carecen de pelos en el envés. Además, el margen de las hojas posee dientes espinosos a lo largo de toda su existencia.

Detalle de las hojas de la coscoja

Las flores crecen durante la primavera, y se disponen en forma de largos amentos amarillos masculinos que carecen de pétalos y sépalos. Las flores femeninas se disponen solitarias o en grupos de 2 o 3, y crecen en la misma planta, por lo que se trata de una especie monoica. Los frutos se dan, al igual que en el resto de especies del género Quercus, en forma de bellotas que fructifican durante el otoño. A diferencia de otras especies del género Quercus, la bellota de la coscoja presenta pinchos en su cascabillo o caperuza, y es más redondeada que la de la encina. También es amarga, por lo que no es apta para alimentación humana.

Bellotas de la coscoja con pinchos en su caperuza

Distribución y ecología

La coscoja está presente en toda la región mediterránea, y aparece desde el nivel del mar hasta los 1.200-1.300 metros de altitud, aunque a partir de los 1.000 metros comienza a escasear debido a su preferencia por climas cálidos. Puede desarrollarse en diferentes tipos de suelo como la encina o el quejigo (Querqus faginea), aunque tiene preferencia por suelos básicos o calcáreos y tolera incluso los suelos yesíferos como aquellos que forman parte de los cortados de Rivas.

En cuanto a las condiciones climáticas, soporta bien las temperaturas estivales extremas y los largos períodos de sequía, típicos del clima mediterráneo continental. Por contra, no tolera bien las heladas intensas y continuas. Otra característica importante es su resistencia frente al fuego, que también se da en otras especies propias de climas secos. Es capaz de rebrotar con facilidad después de un incendio forestal.

Puede aparecer formando matorrales puros conocidos como coscojares, en ocasiones sustituyendo a masas arbóreas del bosque mediterráneo como encinares y robledales que han sido degradados o quemados. También suele asociarse con otras especies como la propia encina, el pino resinero (Pinus pinaster), el acebuche (Olea oleaster) o las sabinas y enebros (Juniperus sp.).

Coscoja y otras especies típicas del bosque mediterráneo

Usos y curiosidades

¿Sabías que gracias a la coscoja en la antigüedad se teñían de color carmesí las capas de los senadores romanos? La coscoja en ocasiones es huésped de algunas cochinillas del género Kermes sp., unos insectos hemípteros que parasitan esta especie y otras del género Quercus, lo que puede dar lugar a la aparición de agallas en la estructura vegetal de la planta. Según cuentan los historiadores, de los cuerpos secos de las hembras de estas cochinillas lograban conseguir un tinte rojizo, conocido como quermes, con el que obtenían el color carmesí de las capas.

Formación de agallas

La coscoja también ha sido utilizada tradicionalmente para curtir pieles gracias a la elevada presencia de taninos en su corteza y raíces. Si bien la madera no es de gran calidad y apenas se utiliza en la industria maderera, la leña obtenida sí que permite obtener un carbón de gran calidad gracias a su elevada capacidad calorífica.

Ahora que conoces un poco más sobre esta especie tan característica del bosque mediterráneo, puedes venir a verla el próximo sábado en nuestra senda guiada por la Dehesa del Carrascal en Arganda del Rey.

¡Te esperamos!

Para saber más:

https://es.wikipedia.org/wiki/Quercus_coccifera

https://www.arbolapp.es/especies/ficha/quercus-coccifera/

https://www.malaga.es/es/laprovincia/naturaleza/lis_cd-13075/coscoja-quercus-coccifera

https://www.diputoledo.es/global/5/ver_pdf/31950

https://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/portal/documents/20151/420718/UMBRIA_NOV_2019.pdf/1337e185-f8bf-0d03-ad63-c99c72af7be8?t=1574946921000

https://es.wikipedia.org/wiki/Kermes_vermilio

https://es.wikipedia.org/wiki/Kermes_ilicis

Encina (𝙌𝙪𝙚𝙧𝙘𝙪𝙨 𝙞𝙡𝙚𝙭)

Como ya sabéis, el bosque mediterráneo es uno de los 5 ecosistemas presentes en el Parque Regional del Sureste, muy bien representado en el enclave conocido como el Carrascal de Arganda.

carrascal
Dehesa del Carrascal de Arganda del Rey desde el mirador del Lobo.

La especie más característica de este ecosistema y de toda la Península Ibérica es la encina, también llamada carrasca o chaparro. Es un árbol de porte variable, copa densa y tronco grueso y oscuro con corteza cenicienta resquebrajada en grietas profundas. En general, suele alcanzar 15-20 metros de altura. Sus hojas son perennes, alternas, de haz verde oscuro y envés blanquecino aterciopelado. Las flores nacen en primavera agrupadas en amentos de color amarillo-ocre, y sus frutos (bellotas) pueden ser dulces o amargos.

Existen dos subespecies de Quercus ilex, Quercus ilex subsp. ilex y Quercus ilex subsp. ballota o rotundifolia.

La subespecie ilex puede alcanzar hasta 25 m y la copa es alargada y poco densa. Las hojas son en general lanceoladas o elípticas, de hasta 9 cm de largo. El margen suele ser dentado o entero y raramente son pinchosas. Sus bellotas son amargas.

La subespecie ballota alcanza hasta 15 m y tiene la copa redondeada. Las hojas normalmente son elípticas o redondeadas, de hasta 6 cm de largo y, a menudo, de margen pinchoso. Sus bellotas son dulces. Esta subespecie soporta mejor las heladas y las sequías prolongadas. Se distribuye por el interior de la península y por las zonas más cercanas a la costa cantábrica y mediterránea, estando presente en las islas Baleares y desde Cataluña hasta Almería.

No obstante, en las áreas donde se solapan las dos subespecies, se suelen hibridar, diluyéndose sus caracteres diferenciadores.

Crece en todo tipo de suelos desde el nivel del mar hasta los 1300m – 1400m.

encina

En general han desarrollado poderosas adaptaciones a las cambiantes condiciones del Mediterráneo, una zona caracterizada por sus valores estacionales extremos de temperatura y precipitación, sobre todo en su área de interior continental.

Algunas de estas adaptaciones son:

  • Hojas perennes de pequeño tamaño para reducir la evapotranspiración.
  • Productos céreos que recubren la hoja con este mismo objetivo.
  • Estomas situados en el envés de la hoja y así se reduce la insolación en estas células encargadas del intercambio de gases de la planta.

Además esta especie ha sido tradicionalmente empleada en múltiples usos de los que hablaremos en futuras entradas, así que podéis estar atentas si os ha resultado interesante.


Fuentes:

Arbolapp

Real Jardín Botánico

Inventario español de los conocimientos tradicionales. https://www.miteco.gob.es/gl/biodiversidad/temas/inventarios-nacionales/iect_quercus_ilex_tcm37-164147.pdf

Bosque Mediterráneo

En el Parque Regional del Sureste podemos encontrar cinco tipos de ecosistemas diferentes: los humedales, las llanuras cerealistas, los cortados yesíferos, el bosque de ribera y el bosque mediterráneo. En esta entrada hablaremos sobre este último.

carrascal

Vista del encinar en la Dehesa del Carrascal de Arganda.

El bosque mediterráneo es uno de los ecosistemas más importante y característico, no sólo del Parque Regional, sino de todo nuestro país. Aunque antiguamente nuestro territorio estaba poblado por amplias zonas de encinares, la búsqueda de terrenos para cultivar o alimentar al ganado ha ido desplazando a estos bosques hasta sólo quedar áreas relictas difíciles de encontrar. Este es el caso de la Dehesa del Carrascal de Arganda, uno de los pocos ejemplos de bosque mediterráneo que podemos encontrar en el Parque. Un aprovechamiento típico que hacemos de este ecosistema son las dehesas, se trata de una explotación en equilibrio de los recursos del bosque: madera, frutos, setas, ganadería, etc.

encinas

Vegetación de bosque mediterráneo en el Parque Regional del Sureste con encinas y jaras.

Este bosque se desarrolla en clima mediterráneo, que está caracterizado por una marcada estacionalidad de inviernos templados y veranos secos con escasa precipitación y primaveras y otoños muy lluviosos, en muchos casos torrenciales. Esto hace que este ecosistema esté caracterizado por plantas muy especializadas y adaptadas a este tipo de clima. Un papel muy importante en la adaptación de la vegetación en este entorno, lo juega el fuego, que suele ser muy frecuente en los periodos secos, lo que hace que las plantas se hayan tenido que adaptar también a él.

flora

Vegetación típica de bosque mediterráneo.

La masa principal de vegetación  la constituyen la encina (Quercus rotundifolia), el quejigo (Quercus faginea) y la coscoja (Quercus coccifera) como especies dominantes propias de suelos calizos y yesíferos. Suelen estar acompañadas de madreselvas, esparragueras, espino negro, romeros, tomillos, etc. También podemos encontrar repoblaciones de pino carrasco (Pinus halepensis) con el objetivo de regenerar el suelo degradado y favorecer el restablecimiento de especies originarias del encinar.

animales

Alguno de los mamíferos que podemos encontrar en el bosque mediterráneo.

En cuanto a la fauna que podemos encontrar, mamíferos como el jabalí, zorros, conejos, ratones de campo… Entre las aves destacan la paloma torcaz, la urraca, carboneros, y alcaudones entre ellos. El bosque mediterráneo es el hábitat idóneo del lince ibérico y el águila imperial, ambas especies emblemáticas de nuestro territorio. Aunque por el momento no las podemos disfrutar en el Parque Regional del Sureste.

Carrascal de Arganda

Si bien el Parque Regional del Sureste es conocido por sus grandes lagunas, sus cortados yesíferos y el bosque de ribera que flanquea los ríos, en las más de 31 mil hectáreas que componen el parque podemos encontrar otros ecosistemas. Uno de ellos es el bosque mediterráneo.

Aunque de manera muy relicta, pero con gran importancia ecológica y paisajística, podemos encontrar este ecosistema en algunos rincones del PRSE. Sin embargo, en su día, este paisaje debió dominar grandes extensiones. La búsqueda de terrenos de cultivo y de pastos y el uso de la masa forestal como madera por parte del hombre hicieron reducir bruscamente su distribución.

dewdwd

Vista panorámica. En primer término, el Carrascal. En segundo, el valle del Jarama. Al fondo la ciudad de Madrid y la sierra de Guadarrama.

Uno de los rincones más importantes de bosque mediterráneo en el PRS es el del Carrascal de Arganda, situado en el término municipal de Arganda del Rey. El nombre de carrascal tiene su origen en el árbol más representativo de este paisaje: la encina, también llamada carrasca.

Al tratarse este bosque de un encinar manchego, propio de suelos básicos, junto con las encinas nos encontraremos otras especies del género Quercus como la coscoja (Quercus coccifera) o el quejigo (Quercus faginea), fácilmente identificables por la diferencia de sus hojas, sus portes y, en el caso del quejigo, por la marcescencia de sus hojas. 

Diapositiva3

Las tres especies originales de el Carrascal presentes en gran parte de su superficie. 1. Coscoja 2.Quejigo 3.Encina

También, y debido a una reforestación en los años 40, nos encontramos con una importante población de pino carrasco (Pinus halepensis) que sirve de cobertura para la recolonización natural de plantas propias de este bosque.

Diapositiva1

Vista general de la zona reforestada donde empiezan a aparecer de manera natural las plantas típicas del bosque mediterráneo.

Acompañando a estas, y variando según las condiciones del suelo, nos encontraremos con un gran surtido de jaras y tomillos, romeros, esparragueras, madreselvas, lavandas y alguna curiosidad botánica como la gayuba (Arctostaphylus uva-ursi).

Diapositiva2

Algunas de las plantas que podemos encontrarnos durante nuestra visita. 1.Hierba pincel 2.Espino negro 3.Madreselva

Entre los animales que podemos encontrar, difíciles de ver por la cobertura arbórea, se encuentran el zorro, el erizo, el conejo, el lirón careto, el jabalí, el alcaudón, el carbonero, el pájaro carpintero, el petirrojo, varias especies de lagartijas y la víbora hocicuda. Sin embargo, lo que si podremos encontrarnos serán los restos y los rastros de alguno de ellos.

Diapositiva5

Piñas comidas por ardillas y roedores fáciles de encontrar en el suelo del Carrascal.

Son muchos los caminos que recorren las mas de 130 hectáreas de este encinar. Os invitamos a visitarlo con nosotros o a perderos por sus senderos en cualquier época del año para descubrir sus secretos.