Entre los insectos que habitan el Parque Regional del Sureste, hay uno llamativo vestido de lunares que nos encontramos en el ecosistema de cortados y en muchas otras regiones normediterráneas (ésta en concreto la podemos encontrar en la Península Ibérica, Francia e islas Córcega y Cerdeña, Mónaco e Italia): la gitanilla real. Su nombre científico es Zygaena sarpedony es una curiosa especie de lepidóptero, en este caso, de polilla.
Gitanilla real en los cortados yesíferos del Parque Regional del Sureste.
El género de las Zygaenas, ha despertado interés entre los entomólogos, probablemente por sus hábitos diurnos y vivos colores que alertan a sus posibles depredadores acerca de su toxicidad. Entre los compuestos tóxicos que integran, poseen una neurotoxina que daña el tejido del cerebro, médula y nervios periféricos. La etimología de Zygaena proviene del griego y fue creado por Fabricius: zugon significa yugo, y ainos significa terrible, espantoso. El término hace referencia a la forma de sus antenas terminadas en un engrosamiento, que recuerda a la cabeza del tiburón martillo.
Además de esta peculiaridad, que caracteriza a este género, las alas de la gitanilla miden unos 12 mm de longitud y tienen unos puntos rojos en el ala anterior sobre un fondo negro traslúcido y el ala posterior es de color rojo oscuro. Su cabeza, tórax y abdomen son peludos, y en éste último presenta un anillo abdominal (en uno o dos segmentos) que no llega a cubrir la zona ventral.
Sus huevos son amarillo pálido y sus larvas azul verdoso, con la parte dorsal rojo pálido carmesí, con una estrecha línea de puntos amarillos. En la zona delantera lateral tiene puntos negros y pequeños con una banda grisácea. Si encontráis su oruga, podéis compartir vuestras fotos con nuestros lectores.
Esta polilla la podemos encontrar en su forma de imago (adulto) entre los meses de mayo y agosto y se alimentan de un tipo de cardos pertenecientes al género Eryngium, en la fotografía anterior podemos verla sobre una especie de este género, el cardo corredor (Eryngium campestre), presente en el ecosistema de cortados de nuestro espacio natural. Además en el vídeo que os dejamos a continuación podréis verla alimentarse de otra planta del mismo ecosistema, el marrubio (Marrubium vulgare), muy apreciada en medicina natural por sus potentes efectos terapéuticos en los sistemas respiratorio y digestivo.
Y con esta peculiar imagen primaveral de la fauna artrópoda del sureste madrileño nos despedimos hasta la siguiente entrada, esperamos que haya sido de vuestro agrado y recordad que podéis compartir con nosotros vuestros encuentros con tan elegante lepidóptero.
En una serie de entradas de nuestro blog, nos acercaremos al mundo del canto de las aves. Muchas veces escuchamos a las aves, no llegamos a verlas y gracias a su canto conseguimos saber de qué especie se trata. Es una herramienta muy útil cuando vamos a hacer algún avistamiento y tenemos dudas sobre cuál es.
Las aves son capaces de emitir una gran cantidad de sonidos que utilizan para comunicarse en varias situaciones diferentes:
como voz de alarma
para el cortejo
para marcar el territorio
para comunicarse con los pollos
para mantener el contacto entre los individuos del grupo
en las migraciones, cuando algunas especies vuelan de noche y sólo pueden comunicarse por el canto.
Los sonidos vocales que emiten pueden clasificarse en dos grupos: el canto y los reclamos. El canto son los sonidos más largos y complejos y están asociados al cortejo y apareamiento como es el de mirlos y ruiseñores. En esta última especie, el macho no cesa de cantar con un canto muy elaborado y musical tanto de día como de noche, para atraer a las hembras.
También pueden incluirse los sonidos tipo trino como el del chochín, por ejemplo, que tiene un sonido muy potente para su pequeño tamaño. Existen muchas palabras en nuestro vocabulario para describir la musicalidad del sonido que escuchamos al escuchar a las aves, como si de un instrumento musical se tratara, como el de las oropéndolas que se consideran aflautados (cómo podemos escuchar más abajo).
Los sonidos cortos como el reclamo, gorjeos, graznidos los emiten como alarma, para marcar el territorio o para mantenerse juntos. Ejemplo de este tipo serían las urracas o los arrendajos que dan la voz de aviso. Los gorjeos son los sonidos que hace por ejemplo la golondrina y el graznido en el caso de patos y ánades.
En el ordenPasseriformes (familia de los gorriones, jilgueros, mirlos, oropéndolas…etc.) el canto de las aves está más desarrollado. Normalmente, los machos emiten más cantos que las hembras y suelen ser emitidos desde sitios elevados aunque algunas especies pueden hacerlo en vuelo. Es tan importante en la biología de las aves que la calidad y la variedad de cantos puede ser un buen indicador del estado físico y de salud. Algunos machos lo utilizan para mantener su territorio y demostrar superioridad. Y en el caso de los pollos, van aprendiendo y ensayando a través de unas vocalizaciones hasta que consiguen hacerlo como los adultos.
Mirlo común(Turdus merula)Fuente: El canto del mirlo. Carlos de Hita
¿Cómo cantan?
Para poder cantar las aves han evolucionado y tienen un órgano vocal llamado siringe. Se trata de una estructura ósea en el extremo de la tráquea. Este órgano junto con unos sacos aéreos hacen resonar las vibraciones por donde circula el aire, donde no existen cuerdas vocales como en los mamíferos. De esa forma, el ave es capaz de controlar el tono a través de las distintas tensiones y la fuerza con la que exhala. Algunas especies, pueden controlar ambos lados de la tráquea independientemente, de esta manera y llegar a producir dos notas a la vez.
Para comprender mejor la estructura de la siringe, en este vídeo se puede ver una simulación de cómo funciona por dentro. (En inglés con subtítulos en español)
Fuente: Canal de Youtube EXPLANATION-AVENUE – 3D Animations by Oliver Ende
En la actualidad para aprender a reconocer los diferentes cantos existen varias aplicaciones que nos ayudan a afinar el oído y coger práctica en el campo. En próximas entradas hablaremos sobre estas aplicaciones móviles, los sonogramas y más recomendaciones. ¡No te la pierdas!
Desde el Programa de Educación Ambiental El Campillo os queríamos acercar un trocito del lejano sureste madrileño que quizá no conocíais: la laguna del Soto de las Cuevas.
Vista de la Laguna de Soto de las Cuevas desde el observatorio de fauna de la orilla norte.
Este humedal está incluido en el Catálogo de Embalses y Humedales de la Comunidad de Madrid y en el Inventario Nacional de Zonas húmedas. Además, es la laguna más meridional de las 123 ubicadas dentro de nuestro Parque Regional del Sureste. Pero los esfuerzos por protegerla y conservarla no acaban ahí. El territorio en el que se ubica El Soto de las Cuevas también pertenece a la Zona Especial de Conservación “Vegas, Cuestas y Páramos del Sureste de Madrid”, y a las Zonas de Especial Protección para las Aves “Carrizales y Sotos de Aranjuez” y “Cortados y Cantiles de los ríos Jarama y Manzanares”. Estas figuras de protección nos dan una idea de la intención por parte de las entidades dedicadas al medio ambiente de conservar dicho ecosistema, y por tanto de su importancia ecológica tanto a nivel nacional como regional.
Las figuras de protección se han traducido en una serie de actuaciones, en pro de su restauración y conservación ecológica que han transformado la antigua explotación minera de extracción de áridos (que dio origen a esta lámina de agua en su día) en el ecosistema que hoy vemos. Entre estas actuaciones se incluyen la modificación de su geomorfología suavizando las orillas y creando dos isletas con hábitats naturales para aumentar la presencia de fauna. Asimismo, se han introducido cajas-nido y un jaulón de aclimatación a la suelta de cerceta pardilla. Además, se han habilitado diferentes dotaciones para la divulgación y educación ambiental que incluyen dos observatorios de avistamiento de fauna y su cartelería adjunta. Las cestas que se pueden divisar en algunos de los árboles de la vegetación de ribera están colocadas para facilitar la nidificación de búho chico.
Jaulón de aclimatación de cerceta pardilla.Isleta.Cajas nido de cerceta pardilla.Panel divulgativo de especies.
Todas estas medidas de restauración y acondicionamiento de la mano de la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, unidas a la tranquilidad y aislamiento de este espacio, le confieren un alto potencial ecológico albergando multitud de especies como zorro, jabalí, nutria, culebra de agua, galápago leproso, flamenco, malvasía cabeciblanca (en peligro de extinción), avión zapador, andarríos chico o aguilucho lagunero. Estas condiciones también han hecho de este lugar un importante refugio para libélulas (destaca la presencia de Cymatia rogenhoferi, heteróptero poco frecuente y poco abundante en la Comunidad de Madrid), así como uno de los tarayales más extensos de la región.
El humedal se encuentra dentro de una finca privada y no es posible su visita de manera libre por el público general. Pero si quieres conocerlo, puedes hacerlo con nosotras en algunas de las visitas que organizamos dentro de nuestro programa de actividades de fin de semana.
La cambronera, espina santa, licio o cambrón (Lycium europaeum) es un arbusto espinoso, perteneciente a la familia de las Solanáceas, adaptado a zonas áridas y salinas, que se encuentra presente en el entorno del Parque Regional del Sureste, teniendo predisposición por los terrenos donde tenga radiación solar directa.
Se trata de un arbusto muy ramificado, de tallos blanquecinos, pubescente, es decir, cubierto de pelillos finos y cortos, que puede alcanzar los 5 metros de altura. Las ramas son largas, colgantes y flexibles, con fuertes espinas terminales y laterales.
Cambronera (Lycium europaeum). Fuentes: (izq). pemarlo.blogspot.es y (dcha) elmedinaturaldelbages.cat
El término cambrón tiene su origen etimológico en el latín: crabro, que significa avispón (insecto de picadura dolorosa), haciendo referencia a sus tallos espinosos, especializados a soportar fuertes vientos y el ramoneo de herbívoros.
Descripción botánica
Hojas de color verde oscuro, alargadas, enteras, sin vellosidad y algo gruesas, con forma oblanceoladas, de hasta 75 mm de largo y 12 mm de ancho, dispuestas en el tallo de manera alterna o en fascículos (agrupamiento denso de hojas o flores con tallos muy cortos, originados desde un punto común) de 2 a 6 hojas. El peciolo es corto.
Hojas Lycium europaeum. Fuente: florandalucia.es
Las flores de la cambronera están mezcladas con las hojas, encontrándose de manera solitaria o en fascículos de 2 a 5. Son campanuladas, hermafroditas, de color blanco o ligeramente violáceo, con corola en forma de trompetilla y simetría bilateral.
El cáliz campanulado con 4-5 lóbulos, tubo mucho más largo que los lóbulos que son pelosos en la cara interna (hipocrateriforme). Su corola puede medir hasta 17 mm de larga, blanquecina con manchas violeta, virando a color crema después de que se haya abierto la flor. La floración se produce de abril a octubre.
Fruto tipo baya, subgloboso, es decir, casi esférico o aplanado, de 5 a 6 mm de diámetro, de color rojizo virando al negro en la desecación. Las semillas de tamaño entre 3 x 2,5 mm, subesféricas o reniformes (con forma de riñón) de color pardo y con un peso de 1,8 mg.
Utilizan a los animales para la dispersión de sus semillas (zoocoria), siendo en este caso dispersión endozoocoria, es decir, dispersión en el tracto gastrointestinal de los animales.
La Cambronera es una especie adaptada al clima mediterráneo, que se distribuye desde 0 a 1.100 m.s.n.m. Tiene alta tolerancia la sol y a las sequías, siendo moderadamente resistente a las bajas temperaturas y a las heladas. Prefiere zonas con alta exposición solar, donde el sol le incide directamente, pero puede tolerar cierta sombra parcial.
Es indiferente al tipo de suelo, aunque tiene preferencia por suelos bien drenados, no pudiendo vivir en suelos encharcados. Tolera suelos pobres (con escasez de nitrógeno) y presenta una buena tolerancia a la salinidad. Es frecuente encontrarla sobre suelos ricos en yesos o sobre margas.
Es una planta que se recupera rápidamente de raíz tras un incendio.
Se la puede ver en asociación con otras especies de plantas: la colleja (Silene vulgaris), la higuera (Ficus carica) y la vid o parra (Vitis vinifera).
Entre sus hábitats se pueden encontrar taludes, bordes de caminos, setos, o matorrales de sustitución, en terrenos nitrificados.
Se encuentra ampliamente distribuida por la península ibérica. También por toda la región mediterránea, suroeste de Asia y en la región macaronésica (Canarias y Madeira).
Usos
En medicina popular, se le atribuyen propiedades medicinales como antiinflamatorio y antioxidante.
Sus frutos son comestibles y se utilizan en la elaboración de mermeladas y licores.
En la antigüedad se le denominaba spina benedicta debido a que las reliquias de la corona de Cristo que se guardan en Roma son de licio.
En jardinería y paisajismo, debido a sus ramas intrincadas y espinosas, se ha usado para crear vallados defensivos y setos vivos.
En restauración ambiental, se utiliza para la fijación de terrenos y control de la erosión en zonas áridas y costeras. También actúa como refugio y alimento para aves y diversos insectos, siendo útil para la conservación de la biodiversidad.
El jilguero ha sido elegida como ave del año 2026, siendo las otras candidatas la alondra común y el cormorán moñudo.
Es un ave muy común que se encuentra por toda España. En invierno, vienen jilgueros de otras zonas europeas y se unen a la población sedentaria. Suelen agruparse en bandos, mezclándose cuando van en busca de alimento con otros fringílidos (familia a la que pertenece), como verdecillos, verderones y pardillos.
Jilguero (Carduelis carduelis)
El origen de su nombre es silguero, del latín sily̆bum, y este del griego sílybon ‘cardo’, que hace referencia a su capacidad y adaptación para alimentarse de las semillas de cardo (Sylibum). También es conocido como cardelina o golorito.
¿Cómo identificarla?
Son fáciles de distinguir por los colores de su plumaje. En la cabeza tienen una careta roja con manchas blancas y negras. El pico tiene una base ancha, es largo y acabado en una fina punta. Su cola es negra, con el obispillo y el extremo distal blanco. El macho y la hembra no tienen prácticamente diferencias, aunque los machos pueden tener la careta roja más ancha y los hombros más negros. Para reconocerlos en vuelo se diferencian bien las dos bandas en las alas de color amarillo.
Jilguero posado en unas ramas. Autor: Óscar Rioja
Canto
El macho en celo tiene un variado canto, que combina gorjeos muy diversos. En vuelo emite tintineos cortos, que se entremezclan con gorjeos cortos. Desde tiempos antiguos se ha criado en cautividad por su alegre canto y trinos que son parecidos a los de los canarios. Debido a esto, es capturado como ave de jaula, práctica que es ilegal.
Es abundante en zonas de cultivos, olivares, dehesas , sotos, bosques abiertos, prados, incluso en pinares de carrasco y piñonero. También se encuentra en pueblos y ciudades.
Bando de jilgueros en un arbusto. Autor. Óscar Rioja
Alimentación
Su alimentación es granívora, es especialista en extraer semillas de los cardos y de otras plantas de la familia de las compuestas que se caracterizan, sobre todo, por la presencia de espinas en las hojas o en el tallo y las brácteas de la inflorescencia. También se alimenta de las yemas florales.
Una imagen muy común del jilguero es la pose que adopta cuando saca las semillas. Se coloca sobre las plantas y va seleccionando las que ya han madurado. En este vídeo podemos ver su gran habilidad para comer entre los cardos.
Autor del vídeo: Juan Luis Redajo
Reproducción
Su nido se encuentra en ramas altas de árboles o arbustos y está formado por el vilano (pelos o filamentos que tiene el fruto de muchas plantas compuestas y le sirve para ser transportado por el aire) de herbáceas, lana de oveja y otras fibras vegetales y animales. El macho y la hembra construyen el nido y después el macho se encarga de alimentarla durante la incubación. Normalmente crían dos veces al año.
Los pollos a las dos semanas ya vuelan y piden alimento a los padres durante una semana más, y pronto se independizan. A finales de verano se reagrupan en bandos muy numerosos.
Situación de la especie
Las amenazas a las que se enfrenta son debidas a su vistosa coloración y canto ya que, es cazada en trampas, con miles de ejemplares muertos y enjaulados cada año. Esta práctica es ilegal ya que es una especie protegida no cinegética y su captura está prohibida. La única forma legal de tener jilgueros es mediante la cría en cautividad, procedentes de criadores federados. También sufre las alteraciones de su hábitat por el uso de herbicidas y plaguicidas en los campos de cultivo y olivares.
Y para terminar, compartimos con vosotros como curiosidad, este pieza de Antonio Vivaldi donde la flauta imita y se inspira en el canto de los jilgueros.
La Olivarda es una planta herbácea, de tronco leñoso, que puede alcanzar hasta un metro de altura. Es fácil encontrarla por todo el Parque Regional del Sureste en taludes y márgenes de caminos, campos abandonados, cárcavas, lechos de torrentes, zonas de suelo alterado, etc.
A finales de verano-principios de otoño, florece de forma espectacular, con llamativas inflorescencias amarillas, tiñendo el paisaje otoñal del Parque Regional del Sureste con tonalidades doradas y amarillas. Es semi-caducifolia: en invierno muere la parte alta de sus tallos y la planta se mantiene seca mucho tiempo, cayendo gran parte de sus hojas.
También es conocida como hierba mosquera, altavaca o pulguera. Su nombre científico, Dittrichia viscosa, hace referencia:
Nombre genérico (Dittrichia): alude al botánico alemán Manfred Dittrich.
Nombre específico (viscosa): del latín Viscum, significa pegajoso, por la cualidad de sus hojas de poseer cierta viscosidad.
Descripción botánica
Planta de la familia de las Compuestas (Asteraceae), de cinco decímetros a un metro de altura, tronco leñoso y bastante ramosa.
Sus hojas son alternas, lanceoladas (con forma de lanza), con el margen ligeramente dentado, con un tamaño de 3 a 7 cm de largo y 6 a 12 mm de ancho. Además, las hojas se presentan sentadas en el tallo, es decir, que al carecer de peciolo para unirse al tallo, lo rodean y envuelven por su base, como si lo abrazaran.
Las hojas son muy pegajosas porque se encuentran pobladas de pelillos glandulosos que segregan una sustancia viscosa tóxica, que actúa como repelente natural contra el consumo por parte los herbívoros, así como también tiene el efecto de inhibir la germinación de otras plantas vecinas, que pudieran competir en las primeras etapas de crecimiento y expansión.
La inflorescencia es espigada, alargada, con forma piramidal, de numerosos capítulos florales amarillos de 10-20 mm. El retraso en la época de floración (finales de septiembre) le beneficia, debido a que en esta época las flores son más escasas y el intenso color amarillo de sus flores, atrae a los insectos polinizadores más rezagados.
Los frutos son cipselas (tipo de fruto seco pequeño, duro y que no se abre) de color beige a pardo. Contiene una sola semilla, suelta y menuda, que dispone de un vilano para poder dispersarse con el viento a grandes distancias.
La olivarda es una planta nativa del Mediterráneo, distribuyéndose por toda la región, excepto Chipre. Está muy presente en España. Habita en cunetas, terrenos baldíos, colinas pedregosas, lechos de torrentes y zonas de suelo alterado.
Es una planta muy resistente, capaz de soportar altas condiciones de aridez y escasez de nutrientes. Sus hojas poseen vellosidades y sustancias pringosas, lo que le ayuda a limitar la radiación y a reducir su transpiración, permitiéndole conservar el agua en sus tejidos. Sus semillas poseen una dura cubierta y en caso de incendio, pueden ser las primeras en germinar y establecerse.
Su capacidad colonización de áreas alteradas y su adaptación a vivir en terrenos pobres, secos y soleados, resistiendo amplias variaciones de temperaturas, permite ser utilizada para el control natural de taludes de carreteras y caminos, también de canteras abandonadas, habiendo demostrado una buena capacidad para la retención del suelo.
Usos
La olivarda es muy apreciada como planta medicinal, debido a su alto contenido en eucaliptol. Esta sustancia le confiere propiedades antisépticas, balsámicas y medicinales. Ha tenido múltiples aplicaciones en la medicina tradicional casera contra el paludismo, las enfermedades de las vías urinarias, así como por sus propiedades astringentes.
Se ha utilizado para ayudar a la cicatrización de heridas: machacando las flores y las hojas, sueltan una especie de resina pringosa, rica en eucaliptol, que se usa como base para el ungüento que se aplica sobre la herida abierta o en quemaduras.
También se ha usado para los esguinces, cociendo en agua la flor y hojas y sumergiendo posteriormente el pie.
La Olivarda ha demostrado ser una herramienta valiosa en la agricultura ecológica para el control de plagas. Debido a que actúa como refugio para fauna auxiliar, siendo especialmente útil en el control biológico de la mosca del olivo y la mosca blanca.
La planta aloja en sus agallas a insectos que son parásitos de la mosca del olivo: el díptero Myopites stylata, huésped alternativo de Eupelmus urozonus, enemigo natural de la mosca de la aceituna. La olivarda se suele plantar junto a olivares, hay múltiples estudios que relacionan la presencia abundante de olivarda con bajos niveles de mosca en los campos de olivos.
Diagrama Olivarda. Fuente: semillas silvestres.com
Y para finalizar, hay que destacar su uso actual, debido a que esta planta ha demostrado ser muy eficaz en la fitorremediación de suelos contaminados por metales pesados, especialmente plomo y mercurio, debido a su capacidad para acumularlos en sus raíces y partes aéreas en grandes concentraciones.
Hoy hablamos de una especie que está presente en uno de los ecosistemas del Parque Regional del Sureste, el bosque mediterráneo. Durante el otoño y el invierno, si das un paseo por La Dehesa del Carrascal, en Arganda del Rey, podrás distinguirla entre las encinas y pinos por el color de sus hojas.
Quejigos en la Dehesa del Carrascal
El quejigo es un árbol de la misma familia que la encina, el roble, la coscoja o el alcornoque, las Fagáceas. Entre sus nombres comunes también se conoce como roble carrasqueño o roble valenciano. Quercusera el nombre romano para referirse a los árboles que producen bellota, es decir, a los robles y a su madera. El origen es celta y significa ‘árbol hermoso’.
Ejemplar de quejigo
¿Cómo lo reconocemos? Se trata de un árbol que puede alcanzar los 20 metros. Sus hojas son de color verde por el haz y pálido por el envés. Son simples y tienen la característica de permanecer secas sobre la planta hasta que al año siguiente. Cuando brotan las hojas nuevas, las secas comienzan a caer: esto es lo que se llama marcescencia. También le ocurre a otras especies como el rebollo o melojo (Quercus pyrenaica), a las hayas (Fagus sylvatica) y a los carpes (Carpinussp.).
Detalle de las hojas de quejigo
Las flores están agrupadas en ramillos colgantes de color amarillo saliendo en primavera, entre abril y mayo. Sus frutos son bellotas que suelen ser amargas, maduran y se diseminan entre septiembre y octubre.
Flores masculinas (izquierda). Bellota (derecha).Fotos del Banco de imágenes del CNICE
Es una especie endémica de la Península Ibérica y norte de África. Se diferencian dos subespecies: subespecie broteroi y la subespecie faginea que aparece sobre todo en la mitad oriental peninsular y se hace escasa hacia el oeste. El epíteto faginea se lo puso el autor de la especie, el francés Jean-Baptiste de Lamarck, pues sus hojas le recordaron a las del haya (Fagus sylvatica L.). El epíteto broteroi está dedicado al botánico portugués Félix de Avelar Brotero.
En el Parque Regional del Sureste encontramos la subespecie faginea aunque siendo muy escasa su presencia, los mejores quejigares se encuentran en el Pingarrón (San Martín de la Vega) y en Valdecorzas y la Dehesa del Carrascal (Arganda del Rey).
¿Qué usos ha tenido?
La madera del quejigo se ha usado para los mismos fines que la de la encina o el roble: combustible como leña o para carbón vegetal, para traviesas y vigas en la construcción, y sus bellotas como alimento del ganado.
Agallas del quejigo
¿Y qué son esas bolas que aparecen en algunos árboles? ¿Otro tipo de bellota? Son agallas. Se producen por la interacción entre la picadura de un insecto y el tejido vegetal de una planta. Esto hace que la planta tenga un crecimiento del tejido vegetal peculiar que da lugar a la agalla. Esta servirá de cobijo y alimento a la descendencia del insecto. Cada insecto produce una forma de agalla característica según su especie.
El Limonio de los yesos (Limonium dichotomum) es una planta herbácea endémica de Madrid y Castilla-La Mancha (Toledo, Ciudad Real y Cuenca), es decir, es una especie de planta que solo se puede encontrar en estos lugares y que se encuentra muy adaptada al medio en el que habita.
Es abundante en algunos municipios del Parque Regional del Sureste, en especial en Rivas-Vaciamadrid, San Martín de la Vega y Arganda del Rey; también en la Reserva Natural El Regajal-Mar de Ontígola (Aranjuez).
Limonium dichotomum en el Mar de Ontígola. Foto: Óscar Rioja
Esta especie de la familia Plantaginaceae no tiene ninguna protección porque, a pesar de tener una distribución restringida, no se encuentra en peligro. La mayor amenaza sería la pérdida de hábitat, pero en la actualidad, sus poblaciones son prósperas.
Descripción botánica
Limonium dichotomum es una planta herbácea perenne de 20 a 50 centímetros, glabra (lisa, sin vellosidades) o en parte cortamente pelosa y papilosa (solo en la mitad inferior). Presenta una roseta basal con hojas espatuladas (con forma de espátula). Tiene un escapo erecto (tallo herbáceo y sin hojas que surge de la parte baja de una planta y lleva las flores en su extremo) que puede llegar a alcanzar entre 80 y 90 centímetros.
Roseta basal de Limonium dichotomum. Fotos: Óscar Rioja
El epíteto dichotomum se tomó del griego y ha pasado a ser parte del lenguaje botánico: un tallo o ramilla dicótomo es el que se divide en dos ramas o ramillas más o menos iguales y con la misma desviación respecto al anterior, que a su vez se vuelven a dividir indefinidamente, como ocurre en esta especie. De hecho, es una de las características más llamativas del tallo, las divisiones en ángulo recto de unas ramillas frente a otras, dando la impresión de que los tallos se disponen en zig-zag.
Detalle de tallos en zig-zag del limonio. Fotos: Óscar Rioja
Florece a finales de verano. La flor del limonio es pequeña, de color azul violáceo y se agrupa formando vigorosas inflorescencias, muy numerosas y densas, con forma de espiguillas.
Detalle flor de Limonium dichotomum. Fotos: Óscar Rioja
Ecología
Necesita suelos básicos, ricos en sales. Se desarrolla mejor en terrenos con cierta humedad en buena parte del año, pero también se puede encontrar en áreas secas como son los cerros yesíferos, donde aparece en vaguadas o al borde de los caminos. A veces forma rodales en la proximidad de ciertas lagunas saladas en los cuales es la especie dominante (limoniales).
Limonium dichotomum. Foto: izq.: Óscar Rioja, dcha Olga León
Durante los meses más fríos, estas plantas se convierten en el hábitat perfecto para resguardar a numerosos invertebrados, que se acoplan entre sus hojas basales y las abundantes y enmarañadas raíces.
De esta planta depende en gran medida la subsistencia del Cryptocephalus bahillo, cuya larva se alimenta exclusivamente de esta planta. Se trata de un pequeño escarabajo del género de los criptocéfalos, dentro de la familia Chrysomelidae (Coleoptera), conocidos porque su cabeza queda oculta bajo el pronoto (parte del tórax), dando la apariencia de que la cabeza «desaparece» o está escondida.
Cryptocephalus bahillo.Fuente: Anuario de biodiversidad 2021. Comunidad de Madrid
Este vistoso coleóptero además es un endemismo de alto valor ecológico que solamente vive en el centro de España (Madrid, Toledo y Ciudad Real), presentando una distribución con poblaciones muy localizadas y escasas en el centro peninsular.
En el año 2003 el entomológo José Ignacio López Colón, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, descubrió la especie en la vecina localidad de Rivas-Vaciamadrid.
La resiliencia, según la RAE, se define como «capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos», es decir, la habilidad de amoldarse al cambio. ¿Y qué es el cambio climático sino uno de los mayores agentes perturbadores para los seres vivos?
Las mariposas son un excelente ejemplo de resiliencia frente al cambio climático. Su gran sensibilidad a las variaciones ambientales y su rápida capacidad de respuesta les permiten adaptarse y sobrevivir en un mundo marcado por transformaciones constantes.
La primera estrategia de resiliencia que han utilizado las mariposas es adelantar o retrasar su periodo de vuelo: artículos recientes han demostrado que las especies más exigentes son las que más han visto mermadas sus poblaciones. Sin embargo, las mariposas que adelantan o retrasan su aparición en función de la temperatura se sincronizan mejor con las plantas de las que dependen y, por tanto, sus poblaciones se ven menos afectadas.
Segunda estrategia: cambio en la coloración de las alas. Al igual que nosotros nos vestimos de diferentes colores en una época del año y en otra época, las mariposas siguen esa misma estrategia. En lugares donde las temperaturas son más altas, estos insectos están optando por coloraciones más claras para reflejar la luz del sol, evitando así el sobrecalentamiento. Por el contrario, en lugares donde las temperaturas son menores, destacan colores más oscuros para absorber más calor. Esta forma de termorregulación evolutiva les permite aumentar sus posibilidades de supervivencia.
Las alas de las mariposas no solo se ven afectadas por el cambio de coloración para afrontar esta época de cambios; también pueden cambiar la forma y el tamaño de sus alas. Para reducir la absorción de calor y tener maniobras más rápidas, en regiones más cálidas las mariposas «han decidido» reducir el tamaño de sus alas; pero esto tiene un riesgo, y es que también puede verse limitada su capacidad de dispersión, lo que fortalece la dependencia en hábitats muy localizados y vulnerables a la pérdida de recursos. Este patrón no es una verdad universal, ya que investigaciones más detalladas en especies de montaña revelan respuestas diferentes, como en el caso de Colias meadii, que mostró un aumento en el tamaño de sus alas y en la pigmentación a pesar del calentamiento, lo que indica que estas adaptaciones morfológicas también dependen de la ecología de cada especie.
Colias meadii. Fuente: iNaturalist Ecuador
Recientes estudios afirman que las mariposas se están moviendo a latitudes más altas donde anteriormente no podían estar por ser demasiado frías, pero, debido al cambio climático esas temperaturas son menos extremas y la presencia de mariposas en países del norte de Europa se ha visto incrementada. Es cierto que las especies de mariposas que han llevado a cabo esta estrategia son especies más generalistas, es decir, son menos «pitiminí» a la hora de elegir dónde vivir.
Aún queda mucho por entender en este tema, sobre todo una mejor comprensión de cómo interactúan el cambio climático con las transformaciones del territorio; además, los cambios en las poblaciones de mariposas pueden tener efectos en cascada en los ecosistemas, influyendo en la polinización, las cadenas tróficas y servicios esenciales como la producción de alimentos, la salud de los bosques y el bienestar humano.
Aunque todas estas estrategias son útiles para la resiliencia de las mariposas, cabe destacar que las respuestas no son uniformes. No todas las especies se adaptan, es decir, algunas no logran ajustar su fenología, otras no disponen de hábitats adecuados o refugios térmicos. Además, no siempre está claro si estas adaptaciones son evolutivas (heredables) o simplemente son una respuesta individual al ambiente.
En definitiva, las mariposas, a pesar de su aparente fragilidad, están demostrando una notable capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones ambientales mediante cambios morfológicos, fisiológicos y de comportamiento. Sin embargo, estas adaptaciones no garantizan su supervivencia futura. La conservación de sus hábitats y la mitigación del cambio climático siguen siendo aspectos clave para asegurar la permanencia de los lepidópteros.
Fuentes:
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¿Alguna vez has escuchado la frase «pequeño pero matón»? Este es el caso del pítano, y no nos referimos a que desplace a otras plantas o suelte sustancias nocivas. En este caso «pequeño pero matón» habla sobre la adaptación, equilibrio y resistencia de un pequeño arbusto mediterráneo que ha logrado mantenerse en entornos especiales.
La Vella pseudocytisus o pítano es una especie endémica, es decir, vive en una zona muy concreta del mundo. Localizada en dos áreas bien definidas: Aranjuez-Ontígola (Madrid-Toledo) y Orce (Granada). Se caracteriza por vivir en suelos yesíferos (calizos), que se caracterizan por su salinidad, poca retención de agua y escasa materia orgánica, y se desarrolla bien en suelos erosionados, con temporadas de sequías y altas temperaturas. Podríamos decir que le gusta el riesgo.
Poblaciones de Vella pseudocytisus. Fuente: MITECO
Lejos de parecer frágil, ha desarrollado estrategias para adaptarse a este entorno relativamente hostil: porte bajo, hojas pequeñas y una floración breve que tiñe de amarillo el paisaje durante la primavera. Además, tiene una curiosa forma de dispersar semillas, que se conoce como balista pasiva, algo así como una «catapulta de semillas»: la planta utiliza la tensión de sus propios tejidos para liberar las semillas de forma explosiva, sin necesidad de un agente externo. Un mecanismo sencillo, pero muy eficiente y que a lo mejor conocéis de otras plantas como el pepinillo del diablo (Ecballium elaterium).
Aunque no es una planta llamativa ni de gran tamaño, su importancia ecológica es considerable. Forma parte del equilibrio de los ecosistemas mediterráneos semiáridos, y actúa como refugio y fuente de alimento para diversas especies. De hecho, es la única planta nutricia de Clepsis laetitiae, una polilla también endémica de esta región. La presencia de ambas nos indica que aún existe cierto equilibrio ecológico en estos ecosistemas, es decir, son especies bioindicadoras. Es por ello que tenemos que vigilar su presencia, ya que si disminuye su población es sinónimo de que algo está pasando en ese ecosistema.
Foto: Clepsis laetitiae. Fuente: MITECO
Sin embargo, este equilibrio es frágil. El desarrollo urbanístico, legal o no, es una de las causas que merma sus poblaciones, a lo que se suman las repoblaciones con pino carrasco (Pinus halepensis) y la mecanización de los cultivos, que están reduciendo su hábitat y afectando a su variabilidad genética. Por ello, es fundamental seguir trabajando en la conservación de esta especie: proteger las poblaciones actuales, identificar áreas de distribución potencial, y llevar a cabo repoblaciones en zonas ecológicamente compatibles.
Actualmente, su conservación se está realizando a través de semillas en bancos de germoplasma, con las protección de su hábitat y con ensayos de reintroducción, ya que los estudios científicos datan su extinción en menos de 100 años. Es por ello que tenemos una misión, desmontar los estudios científicos y conseguir que el pítano siga formando parte de nuestro paisaje.